• Jesús Eduardo Quintero Melecio

Geeks y observadores de aves



Los grupos sociales son, en esencia, la suma de personas que en común practican tales o cuales actividades. Son estas aficiones y gustos por los que se distinguen. Por un lado, podemos decir que la personalidad del individuo lo inclina a desarrollar afinidad a ciertos grupos sociales, ya que se entiende con los ideales y aficiones que practican. ¿O podría ser al revés? Que el hecho de interactuar con ciertas personas o ambiente, fomente el desarrollo de tal personalidad.


¿Es la herencia o el ambiente lo que determina las características del individuo? Se trata, desde luego, de una las preguntas más profundas en ciencias evolutivas y en muchos otros campos. ¿Cuál de estas dos determina la personalidad del individuo? Todavía no se puede diagnosticar esto, debido a lo complejo que son los procesos sociales y psicológicos.


Entre los grupos que practican actividades al aire libre, ya sea en el parque o la punta de la montaña, hay desde quienes hacen bicicleta, escalada, o los que buscan algo más invasivo como cacería, pesca, o la motocicleta a campo traviesa. Y hasta los que salen buscando tranquilidad al campo como fotógrafos, senderistas, o los afectos al yoga y la meditación. Se puede notar que estas personas, aparte compartir tal afición, también comparten algunos aspectos de su personalidad. Algunas de estas actividades casi siempre son practicadas en grupos grandes, como si estas personas prefirieran la socialización, mientras otras se practican preferentemente entre pocas personas o incluso en solitario.


Entre estas aficiones, acaso una muho menos conocida en México es la observación de aves: personas que salen de su casa y van al campo a ver la mayor cantidad de aves posible con unos binoculares. Ellos enlistan las especies que ven a lo largo del día y después las agregan a su lista personal, donde están compiladas todas las especies que han visto a lo largo de su vida. En algunos casos no importa si hay que recorrer muchos kilómetros en carretera, ya que estas personas pueden llegar a tener mucho interés por ver una especie que particularmente habita en una región lejana, o simplemente agregar más especies a su lista de observación. Incluso esto es algo competitivo, estas listas de especies se agregan al perfil del observador en plataformas digitales. Mientras se van registrando las especies de aves, los puntos de observación van adquiriendo importancia en los mapas de estas plataformas, los observadores de aves pueden estar viendo qué especies se están registrando e incluso quién lo está haciendo, por tanto puede llegar alguna especie novedosa en estos puntos y motivar a estas personas a ir hasta allá a buscarla. Cada región tiene su top de observadores, la plataforma va compilando los principales de cada país o estado, lo cual puede llegar a convertir esto en una clase de competencia amistosa, pero habrá quienes se esfuercen por mantenerse dentro de este top, invirtiendo tiempo y dinero en equipo de campo, hoteles, servicios turísticos.


A lo largo de los años esta plataforma alimenta una base de datos muy grande con los registros que los observadores de aves hacen. Pero más allá del gusto por esta actividad, el observador de aves no obtiene ningún beneficio inmediato. No es una actividad popular con la cual se obtenga reconocimiento alguno. No se recibe un pago por cada observación. Al contrario, se invierte de dinero por que unos binoculares dignos pueden ser costosos. Hay que pasar calor, sufrir piquetes de insectos o, incluso, puede ser peligroso dependiendo el lugar de recorrido. Entonces para que todo este sistema funcione, vale la pena detenerse y preguntarse: ¿qué es lo que motiva a estas personas a salir a ver especies de aves? ¿Qué satisfacción hay en observar pajaritos con distinto nombre? ¿Por qué alguien quiere observar la mayor cantidad de especies de aves?


Pueden ser sus colores, la forma, el comportamiento. Se puede pensar que es porque las aves son agradables a la vista, pero el observador de aves enlista especies, busca la diversidad; independientemente de la estética del animal, lo que él quiere es agregar especies a su lista, y no ver las más bonitas necesariamente.


Los observadores de aves son algo así como coleccionistas, tienen un interés por las aves que se puede sentir raro. Al parecer las personas con rasgos obsesivos se ven atraídas a esta clase de aficiones. Las personas con estos rasgos tienden a practicar deportes de manera apasionada, coleccionar objetos, o jugar videojuegos. Muchas personas practican estas cosas, pero alguien con estos rasgos lo hace centrando su atención y constancia en solo en una de estas aficiones, parecido a lo que en la jerga urbana se denomina como geek. Es como si su personalidad funcionara de esa forma, donde hay una notoria tendencia a sistematizar y centrar sus esfuerzos, cumplir su cometido y ponerse metas más grandes. Es lo que les brinda satisfacción, pudiendo incluso desarrollar adicción por tal afición, por ejemplo desbloquear todos los niveles de un videojuego, superar tu marca de kilómetros en ciclismo, o en este caso, encontrar especies de aves que no habías visto antes.


Esto no lo digo yo, lo indica el único estudio que ofrece evidencia empírica respecto a estas ideas (Hussein Essayli, 2013). En ese estudio se desarrolló un índice para cuantificar el nivel de internalización de la observación de aves en 400 encuestados. Se encontró que los valores de este índice están asociados positivamente con la presencia de características como: euforia cuando hacen observación, sentimientos de identidad, superioridad y orgullo, preferencia por la simplicidad, tendencia a sistematizar. Un segundo análisis indica, como cabría esperar, que entre más se practica la observación aves, el número de estos comportamientos también incrementa.



En esta tesis se quería encontrar si entre los observadores de aves hay un grupo de ellos que se distinga como los más obsesivos, pero los resultados indicaron que en general todos los observadores de aves tienen estas características. El autor también discute que los rasgos que identificaron pudieran extrapolarse a otros aficionados al estudio de flora y fauna, señalando que no son características que identifiquen a estas personas, pero que sí es algo notorio en los amantes de naturaleza.


Las emociones referidas, naturalmente, las puede experimentar cualquier persona que practique un arte, oficio o deporte; eso no define a los observadores de aves, estos rasgos más bien identifican a personas que usualmente son muy intensas en lo que hacen, que tienden a obsesionarse. La obsesión viene cuando algo te trae estas emociones, y es esto es lo que motiva a las personas a tener genuina concentración y constancia en esta misma cosa.


Pero aun así, se puede argumentar que hay características que identifican a un grupo social de ñoños de naturaleza, naturenerds, naturñoño: personas con un notorio gusto por observar flora y fauna, conocer de historia natural y entender fenómenos ecológicos. Este gusto se puede convertir en obsesión.


A pesar de esto, obsesionarse no es socialmente aceptado en todos los casos. Podemos decir que para la población en general la obsesión por el dinero es algo más bien común, pero la obsesión por coleccionar insectos es considerada rara. Qué tan heroica o atlética es tu afición define que tan aceptable será para la sociedad. Así lo señala otro estudio donde según sus resultados, la observación de aves es percibida como algo que hacen las personas raras (McAndrew: 2016). A través de redes sociales en este estudio encuestaron a 1,341 universitarios e identificaron las características, trabajos, aficiones y comportamientos de personas consideradas raras. En resumen las profesiones relacionadas con el sexo y la muerte son las consideradas como más raras; taxidermista, por ejemplo. No ver a los ojos y hablar insistentemente de un solo tema fueron comportamientos señalados, y muchas aficiones relacionadas con coleccionar o ver algo fueron consideradas de las más raras, entre ellos la observación de aves. Con sus resultados los autores discuten que ser considerado raro dificulta la socialización, ya que inconscientemente no se sabe cómo responder ante una persona que tiene estas características, también citando a otros autores menciona que esta sensación es una respuesta adaptativa a la ambigüedad y peligro que puede significar el comportamiento de alguien raro.


En el trabajo de Hussein que se menciona anteriormente, señalan que la personalidad de un observador de aves coincide con un perfil psicológico que se le llama sistemata, personas con una tendencia a analizar, construir y vincular elementos bajo reglas específicas. Lo opuesto es la tendencia a empatizar, lo cual se refiere a personas con facilidad para identificar las emociones y pensamientos de la otra persona, y corresponderles con la expresión pertinente. El autor de la tesis cita otros estudios, y argumenta que estos dos perfiles psicológicos son mutuamente excluyentes. Mientras más sistemata, menos empatista eres. Y viceversa. Por tanto, pudiera ser esta la razón por la cual a los observadores de aves se les considera raros, porque son sistematas y no tienen facilidad para socializar. Pero no es la observación de aves, o que coleccionen tal o cual cosa, es más bien la forma de hacerlo, con mucho entusiasmo y constancia. Eso es lo que se considera raro, ser muy intenso.


Estos dos perfiles psicológicos son citados en The essential differences: male and female brains and the truth of autism de Baron-Coehen (2003), donde se menciona que las personas empatistas son afín a las artes y humanidades y los sistematas a las ciencias, e incluso señala que una tendencia aguda a sistematizar pudiera estar dentro de los niveles más bajos del espectro autista, pero también este libro menciona que los hombres tienen mayor afinidad a ser sistematas y las mujeres a ser empatistas, lo cual se puede considerar algo sexista.


La observación de aves todavía está muy lejos de ser una actividad común en México. Cada vez se hace notar más entre los amantes de naturaleza, y cabe resaltar que entre otras actividades al aire libre, la observación de aves se originó a partir de un mensaje de conservación y contemplación. Pero la clase de estigmas que se han referido aquí le ponen barreras a esta sana afición, y no es que hacer observación de aves sea algo raro, más bien la forma con la cual algunas personas hacen las cosas, de forma muy apasionada, es lo que la sociedad considera raro. Aun así, sería mejor que no existieran esta clase de etiquetas, mientras no dañe a terceros no tendría por qué juzgarse lo que hace la gente ni como lo hace. Hay reglas para llevar a cabo una afición, oficio o arte, pero cada quien es libre de hacerlo según sus particulares intereses.


Lo que quiero decir es que las personas que tienen una tendencia psicológica a sistematizar por un lado tienen mayor afinidad a actividades que se basen en la observación, organización y concentración en una sola cosa. Y por el otro lado son personas que tienen poca capacidad para empatizar y por tanto presentan dificultades para socializar. Hay evidencia y datos anecdóticos que indican como los observadores de aves presentan características notorias, dedican mucho esfuerzo a su obsesivo interés en ver la mayor cantidad de aves posibles.


Los aficionados a esta actividad presentan una tendencia a comportamientos obsesivos como los que se presentan en personas que practican otros deportes, coleccionistas, jugadores de videojuegos o incluso a quienes llevan un control patológico en su ingesta de calorías. Estas características incluyen: euforia, orgullo, sentimiento de superioridad, competitividad. Un aspecto muy importante de su interés en observar aves está en que esta les brinda juicios predecibles, estabilidad, simplicidad y estructuración. Por otra parte, la evidencia anecdótica apunta a que la observación de aves puede orillar a los individuos a desarrollar ciertos grados de adicción que van aumentando en intensidad. Finalmente las personas que practican esta actividad, presentan una tendencia a sistematizar, una característica muy ligada al espectro autista. En este proyecto de investigación se desarrolló un índice para cuantificar el nivel de internalización de la observación de aves en 400 encuestados. Se encontró que los valores de este índice están asociados positivamente con la presencia de características y comportamientos obsesivos. Estos resultados pueden ayudar a entender cómo funcionan psicológicamente los patrones de comportamiento en los observadores de aves y de otros comportamientos adictivos como la anorexia o el abuso de sustancias.

Bibliografía consultada


McAndrew, F. y Koehnke, S. (2016). On the nature of creepiness. En New Ideas in Psychology, vol. 44: 10-15.


Essayli, J.H. (2013). The psychology of extreme birders: parallels to other extreme behaviors, anorexia nervosa, addiction, and autism spectrum disorder (tesis), University of Hawaii at Manoa.



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