• Francisco Javier Ávalos y Rafael Platas

Análisis geoespacial del sitio arqueológico Los Mezcales, Colima

Consideramos que hoy en día, cualquier estudio espacial para analizar el patrón de asentamiento de un sitio arqueológico debe de estar apoyado por avances tecnológicos que nos ayuden a gestionar, organizar y analizar datos geográficos, a fin de sustentar los resultados obtenidos en trabajo campo con el objetivo de derivar inferencias sólidas. La utilización de estas herramientas ofrece otra perspectiva respecto al comportamiento humano y su medio natural. En este texto, y bajo esta premisa, mostramos los resultados de un estudio geoespacial por medio de la aplicación de Sistemas de Información Geográfica (SIG) en el sitio arqueológico de Los Mezcales, ubicado en el municipio de Comala, Colima.


La presente investigación se fundamenta en la articulación teórico entre los enfoques de la Ecología cultural, la Arqueología del paisaje y la Geografía cultural. Metodológicamente elaboramos cartografía digital propia que posibilitó la interpretación en torno a la correlación entre los aspectos geográficos y culturales referentes al modo de vida de esta sociedad del pasado y que no era visible al ojo humano. De especial interés fue la comprensión de la apropiación del espacio y el aprovechamiento de recursos del entorno.



El sitio arqueológico Los Mezcales, Colima


Situado en el extremo noroccidental del valle de Colima, el sitio arqueológico de Los Mezcales recibe el nombre de la comunidad que lo abriga. Se ubica a 1.5 km al oeste de la cabecera municipal de Comala y se distribuye sobre un escenario geográfico dominado por la ladera sureña del volcán de Fuego, macizo rocoso perteneciente al Eje Neovolcánico Trasversal que integra parte de la denominada subprovincia de los volcanes de Colima.


Este asentamiento prehispánico se encuentra sobre una gran terraza aluvial que es delimitada por el río Armería, al oeste y el río San Juan, al este. Corresponde a un escenario con condiciones topográficas definidas por pendientes inclinadas dispuestas en un plano NE-SW, marcando una notable transición a elevaciones y promontorios pronunciados producto de los eventos eruptivos del Volcán de Fuego.


El espacio donde subyace el sitio se encuentra entre los 607 y 657 msnm, corresponde a una superficie de 78has que se distribuyen sobre una plataforma natural de aproximadamente 550m de ancho, delimitada por los cauces de dos arroyos: Los Mezcales, al oeste y el arroyo El Aguaje, al este. Ambos afluentes se unen a un kilómetro al sur y desembocan en la corriente del río Comala, éste a su vez se encuentra con el río de La Caja formando un sólo caudal que se vierte en el rio Armería.


En el año 1986, a través del Proyecto Atlas Arqueológico Nacional, cuando se identificó y registró el sitio arqueológico definido por la presencia de materiales cerámicos y líticos expuestos en alrededor de 29 hectáreas. Fue a través del Proyecto Actualización del Atlas Arqueológico del Estado de Colima, cuando se realizó un recorrido sistemático en el sitio Los Mezcales con la finalidad de delimitar la superficie donde se distribuían las evidencias, conformar un mapa arqueológico que documentara (gráfica y fotográficamente) los contextos que aún se preservan, definir su temporalidad, filiación cultural, dirimir los aspectos y recursos que permitieron su desarrollo y registrar los factores que amenazan su conservación. Al determinar que el sitio arqueológico se caracteriza por haber sido el asentamiento de una sociedad compleja, que refleja en su arquitectura un trazo urbanístico definido cuyo desarrollo estuvo acontecido por el aprovechamiento de los recursos medio ambientales inmediatos, consideramos la aplicación de un análisis geoespacial por medio del software QGIS que nos permitiera obtener datos y modelos tridimensionales que nos llevaran a dar cuenta del tipo de interacción entre la sociedad que lo habitó y el entorno ambiental que dio pie su desarrollo.


Respecto a su arquitectura, el sitio arqueológico de Los Mezcales está constituido por seis estructuras de un sólo cuerpo, ocho conjuntos conformados por tres o cuatro cuerpos y una plaza de dimensiones considerables trazada bajo una figura cuadrangular delimitada al este y sur por algunos recintos (Fig. 1).


Figura 1. En este mapa se muestran los elementos arquitectónicos del sitio, al igual que la poligonal registrada por el proyecto arqueológico.


Hoy en día, el sitio cuenta con la evidencia de 38 elementos arquitectónicos de distintas conformaciones que apuntan a espacios habitacionales y ceremoniales construidos bajo un sistema que exhibe una arquitectura dentro de los cánones mesoamericanos. El estilo arquitectónico que se documentó, aunado a los materiales cerámicos observados, indican que el sitio tuvo una ocupación durante el 800 d.C. hasta el 1500 d.C. Durante este lapso se desarrollaron dos etapas, la primera denominada fase Armería (700-900 d.C.) distintiva del periodo Clásico tardío, y posteriormente, el espacio recibió la impronta de los grupos del Posclásico, específicamente durante la fase Chanal (1000-1500 d.C.).


El tipo de distribución y orientación las construcciones se muestra bajo un eje noreste-suroeste (N 20° E- S 20° O) y las plazas y patios abiertos dirigidos hacia un mismo rumbo, son otro aspecto que comparten. Con respecto a los materiales constructivos empleados para los recintos de la fase Armería (700-900 d.C.), resalta una notable predilección por la utilización de rocas provenientes del lecho de los arroyos, conocidas como piedra bola o de río, que son de estructura lisa y ovalada o medio redondeada, que fueron colocadas en cimientos de trazos rectos bien definidos bajo una técnica que busca una simetría, además de una monumentalidad.


Por su parte, el resto de los elementos arquitectónicos, con excepción del Conjunto 1, muestran una orientación al noreste y los materiales cerámicos expuestos en torno a ellos denotan los mismos atributos físicos, como es la pasta, desgrasante, formas y acabado de superficie, que distingue a la cerámica que se manufacturaba durante el Posclásico (Olay Barrientos, 2004). Pastas arenosas que exhiben una cocción completa por oxidación, con un acabado de superficie alisado, y algunos con una decoración monocroma de color naranja o café, nos remiten al estilo cerámico de la fase Chanal (1000-1500 d.C.).


Las características de los suelos que se encuentran distribuidos sobre la ladera del Volcán de Fuego se distinguen por estar conformados por sedimentos con presencia de materia orgánica con abundantes minerales que fueron potencializados durante los periodos Clásico y Posclásico con el empleo de sistemas de riego por gravedad. Los materiales pétreos que en etapas anteriores eran predominantemente utilizados para confeccionar herramientas y utensilios de molienda, ahora son empleados como materiales constructivos. Para esta época, la región sufre de un crecimiento demográfico exponencial que alcanza su pico en el Posclásico. La llegada de un nuevo orden social, en donde predominó el uso de una arquitectura habitacional no se detuvo, sólo cambió de estilo y de intensidad sobre la forma de apoderarse y adaptarse a los espacios como vemos en los Mezcales a través del análisis geoespacial a nivel intra-sitio.


Análisis geoespacial del sitio Los Mezcales, Colima

Figura 2. Mapa de altimetría.


Adentrándonos en la metodología de análisis en el mapa correspondiente a la figura 1, podemos observar la ubicación del sitio (señalada con un punto rojo), permitiéndonos conocer el escenario topográfico aparentemente plano en el que éste se encuentra. La colorimetría del terreno, que va tornándose de un color azulado a rojizo, es proporcional al aumento en la altura determinada por los metros sobre nivel del mar (msnm). De este modo, podemos ver que la parte plana del mapa en donde se sitúa Comala, y, por ende, el sitio arqueológico Los Mezcales, va adquiriendo altura hacia el norte, sirviendo el mismo declive del terreno para el desplazamiento de las corrientes de agua hacia el valle de Colima que corren al costado del sitio. Los pliegues topográficos más pronunciados que se encuentran en la parte oeste del mapa (cerros y lomeríos) corresponden a las zonas altas del terreno y albergan vegetación más densa y boscosa por el aumento de humedad, así como un clima más frío, factor importante para entender la heterogeneidad de nichos ecológicos que dispone la región. También, es de suma importancia mencionar la enorme cantidad de afluentes que nacen en las partes altas de los cerros y que corren hacia el sur para después desembocar en el océano pacífico. Muchos, con el tiempo, han labrado en la corteza terrestre profundos barrancos.


Figura 3. Mapa agrícola que muestra las tierras destinadas para el cultivo.


El siguiente mapa (figura 3) nos permite observar las áreas de cultivos actuales registradas por el INEGI para el año 2014 resaltadas en color verde. Es evidente que tanto la fertilidad del suelo, como la significativa cantidad de corrientes de agua con las que cuenta el área, siguen haciendo que estas tierras sean altamente factibles para la agricultura intensiva: maíz, calabaza, jícama, tomate y frijol, además de otros cultivos inducidos como la caña de azúcar, pepino, sandía, arándanos, por mencionar algunos que son potencializados con sistemas de riego por gravedad. De tal manera, podemos inferir que el espacio geográfico sustentó, a partir de sus propios recursos, un rendimiento alimenticio de auto consumo a la población local durante época prehispánica.


Guiándonos por el argumento de Julian Steward sobre “el uso del suelo por medio de una tecnología dada permite cierta densidad de población [y]…las aglomeraciones de esta población dependerán parcialmente de donde se encuentran los recursos y de los medios de transporte” (1955, pág. 10), podemos deducir que los antiguos pobladores tuvieron que emplear una tecnología adecuada, eficiente y al alcance de todos que le posibilitó explotar el entorno medio ambiental a niveles que les permitió abastecer a toda la población del sitio, la cual, se mantuvo por aproximadamente 700 años. Todo esto requería una serie de organización colectiva que tuvo que estar orquestada por una, o varias autoridades con un reconocido poder político.


El resultado de dicha organización la podemos ver plasmada hoy en día en la modificación del espacio geográfico, sintetizado en un paisaje cultural bien definido en su estructuración y planificación de su patrón de asentamiento, guardando un eje de orientación noreste-suroeste. Se observa cómo las unidades habitacionales que se denominamos estructuras 3, 4, 5 y 6 se distribuyen linealmente respetando el mismo eje de orientación y de separación entre una y otra. No descartamos que hayan existido más unidades habitacionales que completaban una misma hilera de lo que anteriormente fueron viviendas, pero desafortunadamente la problemática de destrucción del patrimonio arqueológico es algo que ha afectado de manera aguda al sitio.


En el siguiente mapa (figura 4) se muestran las agrupaciones de los cuerpos arquitectónicos en un rango de 50 metros de radio. Claramente podemos observar que las partes rojas que señalan una concentración están constituidas por estructuras que definimos como unidades habitacionales. Mientras que los conjuntos arquitectónicos tienden a estar más separados entre sí, las unidades habitacional se observan más cohesionadas.


Figura 4. Mapa que muestra las concentraciones de cuerpos arquitectónicos respecto al valor distancia (50 m. de distancia).


Consideraciones finales


Los estudios en torno al análisis geoespacial de sitios arqueológicos, a través de nuevas tecnologías, tal es el caso de los SIG, nos posibilitan la comprensión de procesos culturales concretos, además de establecer una jerarquía de variables o elementos relacionados a fin de hacer una interpretación del paisaje.


De acuerdo con lo anterior, hemos podido inferir que el elemento natural con mayor peso, y que fue condicionante para la vida humana durante el Clásico tardío y el Posclásico, fueron los arroyos que rodeaban al sitio. Estos afluentes representaron para los antiguos pobladores de Los Mezcales, el agua necesaria para el autoconsumo, acceso a fauna acuática, constante riego de sus cultivos, espacios para aseo personal, utilización del agua para la confección de textiles. Asimismo, sus riberas representaron un posible corredor comercial con otros sitios con lo que intercambiaban productos. Además, cabe señalar, que uno de los recursos con mayor presencia en la superficie del sitio es el material pétreo, principalmente el “canto rodado” o, “piedra bola”, que fue utilizado para la construcción de las estructuras. Por lo tanto, esto nos indica que todos los arroyos de la región proveyeron una importante cantidad de rocas que se encontraban en las profundidades y en las orillas de éstos y representaron una fuente de materia prima casi inagotable dado al constante desplazamiento de rocas por las corrientes y crecidas desde las zonas más altas.


También, debemos de tener en cuenta, que la considerable cantidad de material pétreo es proporcional a la cantidad de arroyos de la región y su facilidad a su acceso, ya que, es lógico, que mientras más nichos ecológicos existen, más recursos bióticos habrá. Igualmente, mientras más cercanos estén entre si dichos nichos, más aprovechables serán para la población que ocupa una localidad dada (Valdez, Schöndube, & Catherine, 1996, pág. 332).


Como resultado final de nuestro análisis espacial a nivel intra-sitio podemos concluir en que el patrón de asentamiento del sitio se caracteriza por tener una orientación en su eje noreste-suroeste y las unidades habitacionales tienden a concentrarse en un rango de entre más menos 50 metros de radio. Además, los conjuntos arquitectónicos, que son los que tienen mayores dimensiones, suelen estar cerca de las unidades habitacionales. Retomando las premisas de la Ecología cultural que señala que la distribución espacial de la actividad humana es un ajuste ordenado respecto al factor distancia y las decisiones de localización se toman en general para minimizar los efectos de fricción de la distancia podemos concluir que la planificación urbanística se pensó en función a la disminución de desgate de energía por el desplazamiento entre un espacio a otro. Esta aglomeración de estructuras arquitectónicas con distintas funcionalidades hacía que las personas que habitaban allí estuvieran en una socialización constante, lo que implicaba tener una organización colectiva a base de normas establecidas para mantener el orden social. Otro punto a destacar es que la mayoría de las construcciones se conforman por conjuntos y plazas que requirieron mayor esfuerzo y planificación para su construcción, por lo que la gente que habitó en las unidades habitacionales tuvieron que tener un rango privilegiado para vivir cerca de los recintos más importantes. La organización de las actividades humanas es de carácter esencialmente jerárquico, de modo que, indudablemente existió una diferenciación social en el sitio que se componía de la clase elite y la clase común.


Los Mezcales se manifiesta como un sitio con una ubicación estratégica a partir de rutas fluviales que se conectaban, tal es el caso de los ríos Comala, La Caja y el Armería. A diferencia del periodo Clásico medio, en el Clásico tardío el río Armería fue la ruta más importante para el comercio, no sólo entre los pueblos costeros y los del valle, sino con los de la zona sur de Jalisco, pues al pasar por el lado oeste de los volcanes de Colima, esta corriente permite llegar a la región de Tuxcacuesco y a los valles de Autlán y el Grullo, entre otras comunidades que se encuentran a su paso, cuyo nombre prehispánico nos indican que debieron existir asentamientos humanos anteriores a la Conquista.

Esta pequeña fracción del sitio, de lo que anteriormente, consideramos, fue un asentamiento mayor sustentable, pudo ser un epicentro administrativo secundario supeditado por el gran sitio rector de la época, “La Campana”, que se encuentra a escasos 10 km en línea recta hacia el sureste y se erigió como una de las urbes más extensas del Occidente de México, cuyo patrón arquitectónico y evidencias materiales expuestas en superficie están presentes en Los Mezcales.


Referencias


Atlas Histórico y Cultural de Colima, coordinador general Enrique Florescano, Secretaria de Educación del Estado de Colima, marzo 2013.


Cortes Abel, Víctor Garduño, Carlos Navarro, Juan Christopher, Ricardo Saucedo, José Luis Macías y Juan Carlos Gavilanes, Geología del Complejo Volcánico de Colima, Universidad Nacional Autónoma de México Instituto de Geología, Cartas de Geológicas y Mineras Núm. 10 año 2005.


Instituto Nacional de Antropología e Historia. Atlas Arqueológico Nacional. Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas. Cedulas para el estado de Colima. México. 1987.


Kelly, Isabel, Ceramics provinces of Northwest México, El Occidente de México, Cuarta Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología, México, 1948.


Kelly, Isabel, Exploraciones en Colima, conferencia presentada en el Museo Nacional de Antropología e Historia, 24 de julio de 1968, mecanoescrito.


Kelly, Isabel, Ceramic sequence in Colima: Capacha an early phase, Tucson, Anthropological Papers of the University of Arizona Press, 1980.


Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, artísticos e Históricos 1972, México, INAH, 1984.


Olay, Ma. Ángeles

2004 El Chanal, Colima, Lugar que habitan los custodios de la agua. (C. N. Artes, Ed.) México: Universidad de Colima/Instituto Nacional de Antropología e Historia.


2005 Volcán de Fuego, cuna del agua, morada del viento. Desarrollo social y procesos de cambio en el valle de Colima. Una propuesta de interpretación, tesis de Doctorado en Antropología, CIESAS, México D.F., 2005.


Platas Ruiz, Rafael, Informe Técnico Final del Proyecto Propuesta metodológica para la evaluación, actualización y análisis del Atlas arqueológico del Estado de Colima: Primera etapa municipios de Cómala y Cuauhtémoc, Centro INAH Colima, México, 2013.


Valdez, F., Schöndube, O., & Catherine, L.

1996 Los recursos naturales y su uso en las cuencas lacustres del sur de Jalisco: El caso de Sayula. En E. Williams, & P. Weigand, Las cuencas del Occidente de México. Época prehispánica (págs. 325-367). Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán.



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