• Nancy Sampedro

Cientos de millas lejos de casa



Nos encontrábamos a principios de la década de los 80’s para la mayoría de las personas que viven en las metrópolis de las ciudades dirían que es la década del cambio, modernización y libertad. ¿Libertad? Yo no conocía el significado de esta palabra, pues para nosotros los aborígenes denominados con esta etiqueta social por la aristocracia canadiense, la libertad era sinónimo de colonización sociocultural, económica, política e ideológica.

Mi nombre en Tina Fontanie, originaria de Winnipeg capital de la provincia de Manitoba, Canadá. A finales de los años 70´s la comunidad empezó a ser invadida por el sistema integrador en pro de la globalización y documentado por la carta india en 1876, con ello se dieron varios cambios como la religión, la lengua y las creencias. A su vez fueron montados orfanatos y escuelas residenciales financiadas por el Estado y por las iglesias anglicanas y católicas con un solo objetivo, suprimir la cultura nativa.

13 de enero de 1885, me encontraba en los sembradíos con mis padres y hermano menor de tan solo 8 años de nombre Ankit, como todas las tardes íbamos a ver la cosecha. Mi abuelo nos enseñó que la tierra es un ser vivo que merecía respeto y amor. La última vez que lo vi dijo que iba a la capital, después nos enteramos que el Estado ejerció su poder y por mala suerte mi abuelo estaba en ese lugar. Miles de personas murieron en las manos del poder. Han pasado tres años, su ausencia duele, la tierra lo extraña.

Mi padre se hizo cargo de los sembradíos y del pequeño rancho que tenía, al igual que mi abuelo piensa que lo más importante es el respeto por lo que nos da vida, la tierra.


Miércoles 13, después del desayuno mi padre se fue al campo, ya era tiempo de cosecha. Nos dijo a mi madre, hermano y a mí que a medio día lo fuéramos a alcanzar, así lo hicimos. Llegamos y vimos que la siembra estaba en su pleno esplendor, sentimos una felicidad inmensa. La tierra esta agradecida con nosotros y nosotros con ella.

Después de un rato nos sentamos bajo el árbol que vio crecer a toda mi familia, de pronto vi a aquellos hombres altos, de tez blanca con trajes de policías o algo parecido que denotaba respeto al Estado, bajaron de sus imponentes caballos.

-Buenas tardes señores Fontanie, es un gusto hacerles esta visita- proclama uno de los oficiales.

La señora Kuldeep en ese momento sintió un frio que traspasaba su piel pues ella sabía a qué habían ido aquellos hombres.

– El placer es nuestro, ¿en que los podemos ayudar? Contesto de inmediato el seños Mukesh.

El oficial que traía algunos papeles en las manos doblados y amarillentos, objeto – Como saben cada año las instituciones estatales admiten nuevos estudiantes para mejorar su dialecto y sus hábitos para que sean capaces de afrontar el nuevo mundo con el fin de integrarlos a la sociedad. En este año según los registros públicos (desenvuelven los papeles y empieza a leer) Ankit y Tina Fontanie han sido elegidos para ingresar a esta prestigiosa institución que se encuentra en el centro de Manitoba.


Los oficiales se despiden y dejan perplejos a los señores Fontanie. La noche se hizo presente y con ella indescriptibles pensamientos pues tanto Mukesh como Kuldeep sabían a lo que se iban afrontar sus hijos, y que tal vez sería la última vez que los verían. No tenían otra alternativa, no tenían otra vida.

-Madre, prométeme que te veré otra vez, prométeme que estaré bien, ¿Por qué tengo que ir a ese lugar, que no has escuchado lo que dice la gente a cerca de esa “escuela"? ¿Qué pasara con el pequeño Ankit? Tengo miedo, madre.

Al escuchar estas palabras Kuldeep rompió en llanto, abrazo a su hija y contesto –empaca tus cosas y lo que creas que es necesario yo empacare las cosas de tu hermano, a las cinco de la tarde partimos para cuidad.

Tina no sabía cómo sentirse, en el fondo ya intuía su destino pero no quería que fuera el mismo para su hermano.

Faltaba cuarenta y cinco minutos para las cinco de la tarde, la joven y el pequeño estaban sentados en una banca de madera que tenían en su patio, abrumados y pensativos no sabían explicar lo que sentían, de repente llego su padre y lesdijo

-No tengan miedo, en nuestras venas corre sangre aborigen (se paró en frente de ellos) y dijo, “Que él te llene de nueva energía cada día, que la luna dulcemente te restaure por las noches, que la lluvia se lleve tus preocupaciones, que la brisa sople nuevas fuerzas dentro de tu ser, que puedas caminar suavemente por el mundo” –

Los abrazo y les dio un beso en su manos. Ankit rompió en llanto y no paraba de decir -¿Por qué somos aborígenes? Esta pregunta ofensiva para su padre era su mecanismo de defensa ya que solo tenía ochos años de edad, fue la última vez que los dos hermanos estuvieron juntos.

Ocho de noviembre de 1888, hace algunos días recordé como vine a para aquí, evoque todos los sentimientos y la esencia de la que era mi familia. Ya no puedo, a veces quiero terminar con este martirio, con esta maldita colonización que cada día me niego a aceptar.

Cada que vez que contesto en mi lengua natal pareciera que estoy haciendo un crimen. Por ejemplo hoy en una “clase” por contestar, me agredieron e insultaron diciéndome “eres una cerda te iras al infierno a menos que te conviertas alcristianismo”.

Tenía ganas de estrangular a ese pastor, amante de la paz y del progreso según sus discursos de cada domingo enfrente de la aristocracia. Al sonar las campanas a las cinco de la mañana el pastor nos iba a ver, la tortura a miles de mujeres era parte de las enseñanzas de Dios.

Alguna vez me negué a tener relaciones sexuales con él, recuerdo perfectamente sus palabras “tú y las demás son unas cerdas, ustedes están para complacernos para eso fue creada su tribu y si no aceptan la verdadera palabra de Dios y del Estado tendrán el mismo valor que los animales” Al parecer en su religión el hombre es el ser supremo.

Si alguna de nosotras se negaba a hacer su petición nos amenazaba con ser quemadas vivas como las brujas porque al igual que ellas nosotras también creíamos en la libertad.

Hoy nuevamente me negué a sus clases colonizadoras y decidí hablar mi lengua natal, en recompensa casi me matan.


-Tú, ven aquí. Durante este tiempo por lo menos ya sabes decir algo. Dime en qué consiste nuestra religión


En ese momento todo mi cuerpo se cimbró, recordé lo último que me dijo mi padre, levante la mirada y le respondí en mi lengua natal al pastor


- No tengo miedo, en mis venas corre sangre de mis antepasados que respetaron a nuestro Dioses y sé que ellos me llenaran de nueva energía cada día, que la luna dulcemente me restaurara por las noches, que la lluvia se llevará mis preocupaciones y que la brisa sopló nuevas fuerzas dentro de mi ser, para poder caminar suavemente por el mundo –


Millas varios cientos de millas lejos de casa


– No hable en indio- la miraba con ojos fríos.


El pastor tenía un látigo, su espalda de Tina se convirtió en el mural de odio y desprecio, estaba bañada en sangre


– No hable en indio- objetaba mientras metía un jabón dentro de su boca.


Tina empezó a ahogarse, el jabón cortó su garganta, no tenía fuerzas, su aliento se fue evaporando, su cabello largo y de color negro cubría las huellas de la resistencia y de la libertad.




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FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 4, No. 14, Noviembre 2020-Febrero 2021, es una publicación cuatrimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 10 de enero de 2021.

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