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FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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Tautavel: Centro Europeo de Investigaciones Prehistóricas

10 Aug 2019

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De dónde venimos, quiénes somos, a dónde vamos...son tres preguntas fundamentales que conscientemente y de manera más o menos frecuente nos hacemos. Actualmente, tiempo  caracterizado por los grandes cambios que se han venido sucediendo, el cuestionamiento sobre los orígenes de nuestra especie despierta gran importancia.

 

Conociendo la extraordinaria secuencia de los eventos que han conducido, a partir de una alga desde hace más de tres mil millones de años, hasta la aparición del Hombre hace dos y medio de años en la ribera de uno de los grandes lagos del oriente africano, dotado de un pensamiento conceptual y, por lo mismo, fabricante de útiles, nos hace entender su lugar en la naturaleza.

 

La evolución del Hombre ha sido eternamente condicionada por la presión ejercida del medio ambiente y ha sido la dinámica existente entre el Hombre fósil y la naturaleza, lo que explica su evolución morfológica, el desarrollo de sus culturas, la adaptación progresiva  a todos los ambientes naturales, extendiendo su nicho ecológico desde la sabana arbórea de África oriental a toda la superficie terrestre, desde los más áridos desiertos hasta las congeladas tierras árticas.

 

Numerosos descubrimientos hacen retroceder una y otra vez la fecha de la aparición del Hombre, sin embargo, la prehistoria y ciencias afines nos hacen conocer hacia qué espacio en el tiempo cada territorio ha sido conquistado por la humanidad. Aparecidos, hace alrededor de 2,5 millones de años en Africa oriental, los hombres han dejado su hogar africano hace poco más de 1,5 millones de años, para invadir las zonas tropicales y templadas de Eurasia. Hacia 400,000 años, habiendo domesticado el fuego, pudieron entonces llegar a las regiones frías y aventurarse hasta el límite con las zonas árticas y la costa del Pacífico. Fue alrededor de 35,000 años que los primeros hombres penetraron en la tundra y en las zonas árticas, cruzaron el estrecho de Bering hasta llegar al norte de América y aventurarse en primitivas balsas hasta las costas de Japón y del continente Nueva Guinea-Australia que entonces formaba un solo bloque.

 

Mediante laboratorios equipados con la tecnología actual, geólogos, físicos, químicos, paleontólogos, paleobotánicos, antropólogos, analizan los resultados de sus investigaciones. Así es como, aproximadamente, se ha llegado a reconstruir la vida cotidiana de los hombres prehistóricos, de su medio, del paisaje y el clima en los cuales habitaron, llegando a fechar con relativa precisión, las grandes etapas de la aventura humana.

 

Situación geográfica

 

La caune de l’Arago, a veces llamada Gruta del Aragó o Gruta del río Verdouble, se encuentra situada en los Pirineos Orientales, sobre la comunidad de Tautavel a 19 km. Al noroeste de Perpignan, a 14 km. Al oeste de Rivesaltes y a 9 km. Al noreste de Estagel, a una distancia intermedia entre las poblaciones de Tautavel y Vingrau. La gruta se encuentra en la extremidad meridional del macizo de las Corbieras, al norte de la planicie del Roussillon, a 24 kms. del oeste de la costa del Mediterráneo y aproximadamente a 40 kms. de la cadena de los Pirineos.

 

La Caune de El Arago se abre a 210 metros de altitud absoluta y a 100 metros sobre el lecho actual del río Verdouble y del arrollo de Vingrau. Excavada en las calizas urgonienses (Aptien) la gruta se presenta como una vasta cavidad de 35 metros de largo por 10 metros de ancho. Más alta que ancha, se abre hacia el este por un gran pórtico. “La Caune de l’Arago”, ha proporcionado diversos restos fósiles humanos en donde destaca el célebre cráneo del Hombre de Tautavel (Arago XXI), uno de los más antiguos que se conoce en Europa.

 

Tal hallazgo ocurrió el 22 de julio de 1971, un resto fósil humano de valor científico excepcional, contenía la región facial y el hueso fronta, descubiertos sobre un suelo de hábitat prehistórico cubierto de osamentas fosilizadas de animales, y de herramientas elaboradas en sílex y cuarzo. El fósil, fechado con una antigüedad de 450 000 años por diversos métodos y, particularmente por el estudio de la técnica radioactiva uranio/torio perteneció a un Homo erectus europeo, es decir, a un anteneandertalense, ancestro de los Neandertales y de los Hombres modernos.

 

Ocho años más tarde, en julio de 1979, sobre el mismo suelo de hábitat pero aproximadamente a 4 metros de distancia, fue descubiero un parietal derecho (Arago XLVII) perteneciente al mismo individuo.En este momento ya era posible reconstruir el cráneo completo del mencionado Hombre fósil que vivió en Europa desde muchos años antes que el Hombre de Neandertal.

 

Material recolectado

 

Durante el transcurso de las excavaciones, diversos hallazgos de restos humanos fósiles han sido descubiertos en la Caune de l’Arago, entre los que se encuentran una mandíbula de mujer de aproximadamente 40 años (Arago II), una mandíbula de un adulto joven de alrededor de 20 años (Arago XIII), un fragmento de maxilar correspondiente a un adulto, numerosos dientes aislados, un hueso ilíaco (Arago XLIV), fragmentos de fémures y de peronés. Todos estos elementos óseos corresponden a más de veinte individuos. Gracias a estos importantes fósiles se dió la posibilidad de reconstruir el tipo físico del Hombre de Tautavel, un Homo erectus europeo.

 

Se trata de uno de los más antiguos restos humanos encontrados en Europa dentro de un contexto estratigráfico bien fechado. En asociación, existen fragmentos óseos y aislados restos culinarios. La mayoría de estos fragmentos son partes de cráneos y de mandíbulas, así como fragmentos del esqueleto postcraneal. Mediante estos fragmentos óseos se ha podido conocer la edad y el sexo de los individuos. Algunos de ellos corresponden a la edad infantil, otros son adultos juveniles y escasos los adultos medios, correspondientes a ambos sexos. Una gran proporción corresponde a niños, aproximadamente 40%. La población adulta corresponde a individuos jóvenes y únicamente uno de ellos llegó aproximadamente a los 50 años de edad. Los cazadores que habitaban temporalmente la Caune de l’Arago morían relativamente jóvenes, siendo unos cuantos quienes sobrepasaban la edad de 25 años.

 

El cráneo del Hombre de Tautavel, Arago XXI, descubierto el 22 de julio de 1971, hallado sobre un suelo de hábitat  entre fragmentos óseos de animales y útiles rotos, como la mayoría de los suelos de la gruta, estaba constituido por una capa de gruesas piedras que fueron transportadas por el hombre, con la finalidad de recubrir el piso. Entre los útiles fragmentados figuran un percutor, esquirlas, una bifase lanceolada y numerosas piezas de cuarzo que se encontraban próximos al lugar donde fue depositado el cráneo.

 

El amontonamiento de huesos rotos que se encontraba alrededor de los restos humanos representa los desechos cárnicos que los mismos cazadores habían transportado hasta su hábitat. Dentro del menú, el caballo era uno de los animales que más figuraba. El cráneo del Hombre de Tautavel perteneció a un adulto joven. El tercer molar se encuentra in situ y entre otras cosas se observa que no presenta desgaste dentario y que junto con algunas otras características, se deduce que presentaba una edad aproximada a los 18 años. Por otra parte la sutura fronto-parietal no presenta sinostosis: esta sutura comienza a soldarse hacia los 25 años lo cual nos ratifica una edad comprendida entre los 18 y 25 años.

 

Como se menciona, el cráneo se encuentra incompleto. No obstante, se cuenta con el frontal, maxilares, malares, huesos de la nariz, etmoides, parte del esfenoides. Todos ellos se encuentran fracturados debido al peso de la tierra que los cubría. Sin embargo fue posible hacer la reconstrucción.

 

El cráneo perteneció a un tipo robusto y con rasgos primitivos; posee una frente huidiza, una marcada constricción post-orbitaria, un ancho reborde óseo por encima de las órbitas (torus supraorbitario), cara abombada causada por la ausencia de fosa canina y un maxilar que se proyecta hacia delante del neurocráneo (prognatismo), igualmente se observan salientes y afilados huesos malares (pómulos). La capacidad craneana, relativamente baja, es de aproximadamente 1050 centímetros cúbicos. Sobre la arcada dentaria se observan las siguientes piezas: primer molar (incompleto), segundo y tercer molares derechos, primero y segundo molares izquierdos. El primer premolar derecho y el segundo premolar izquierdo fueron encontrados próximos al cráneo. Los segundos premolares están ausentes con evidencias de que se perdieron aún en vida del individuo.

 

Todas estas características hacen dirigir al Hombre de Tautavel hacia el Homo erectus europeo o anteneandertalense. La morfología de su torus supraorbitario y la débil capacidad craneana lo relacionan con el fósil de Steinheim. La ausencia de fosa canina anuncia a los neandertalenses de Europa occidental siendo el Hombre de Tautavel uno de sus lejanos ancestros. La mandíbula humana Arago II, descubierta en julio de 1969 había sido abandonada junto a numerosos desechos de comida y sobre un suelo de hábitat extremadamente rico tanto en material arqueológico consistente, generalmente,  en restos de fauna (suelo G). Diversos útiles se encontraban esparcidos alrededor. Numerosos fragmentos de huesos de animales, principalmente de caballo; en menor cantidad fueron hallados restos de rinoceronte y de ciervo.

Numerosos bloques de piedra y cantos rodados habían sido transportados por el Hombre con la finalidad de cubrir su hábitat (Foto 1).

 

La mandíbula humana se encontraba fracturada y semidestruida bajo dos piedras. Le faltaba su rama ascendente izquierda. Pertenecía a una mujer de edad madura, el avanzado desgaste dentario evidenciaba una edad aproximada de 50 años. La apófisis coronoides de la rama ascendente derecha se encontraba fracturada y ligeramente desplazada. La mandíbula presentaba una fractura a la altura de la sínfisis. Fue restaurada en el laboratorio y reconstruida, por simetría, su rama ascendente izquierda.

 

Una de las mandíbulas (Arago XIII), presenta características anteneandertalenses que se evidencian mediante las ramas ascendentes que son verticales, altas y anchas, una escotadura sigmoidea poco profunda y la apófisis coronoides es bastante ancha. El cuerpo mandibular es bajo y grueso; los agujeros mentonianos se sitúan hacia atrás y hacia abajo; la sínfisis se prolonga hacia atrás; no se observa mentón y en su cara interna se distingue una ancha cavidad oblicua que da origen al plano alveolar. Del lado izquierdo se conservan las siguientes piezas dentarias: P2, M1 (raíces), M2, M3 y, del lado derecho: M1 y M2 en los que se observa una avanzada atrición además de sus grandes dimensiones.

 

Muchos de los rasgos recuerdan a otras mandíbulas anteneandertalenses de Europa, particularmente a la de Montmaurin y a la de Mauer por lo que respecta a la anchura extrema de sus ramas ascendentes. Esta mandíbula humana (Arago XIII) fue descubierta en julio de 1970, se encontraba reposando sobre un suelo de hábitat rico en útiles y en fauna (suelo F). En esta parte de la gruta el suelo había sido bastante alterado como resultado de los fenómenos geoquímicos.

 

Únicamente se conserva su mitad derecha. La porción izquierda fue reconstruida en base a simetría; pertenecía a un adulto joven de aproximadamente 20 años de edad puesto que ya se encuentra brotado el tercer molar sobre su arcada dentaria y sin desgaste de su superficie oclusal lo cual nos evidencia su escaso uso.

 

De aspecto arcaico, la mandíbula Arago XIII es similar a las mandíbulas anteneandertalenses de Europa. Presenta una rama ascendente vertical alta, escotadura sigmoidea poco profunda y una apófisis coronoides bastante ancha. El cuerpo mandibular es bajo y grueso. El agujero mentoniano se encuentra bajo y hacia atrás. En la cara interna del cuerpo mandibular existe un saliente llamado torus mandibular; su sínfisis es huidiza y el plano alveolar excepcionalmente desarrollado. Los dientes conservados son los siguientes: P1, P2, M1, M2, M3, todos del lado derecho y mostrando poco uso; sus dimensiones son grandes, sobrepasa a todos los dientes conocidos en el mundo de los Homo erectus.

 

El análisis científicamente detallado de las dos mandíbulas que se encontraron sobre el suelo de hábitat ha evidenciado un importante dimorfismo sexual. La mandíbula Arago XIII, bastante robusta y con voluminosos dientes, resultó ser masculina, mientras que la mandíbula Arago II, menos robusta y con dientes pequeños, es femenina. Un hueso ilíaco izquierdo (Arago XLIV) fue descubierto en agosto de 1978 sobre la superficie del suelo G, se encontraba roto a causa de la presión de la tierra que lo cubría. Se cuenta con la fosailíaca, la cavidad cotiloidea y el isquion. Sólo falta la porción anterior de la sínfisis.. Este hueso es un elemento bastante importante ya que a través de su morfología sabemos de la estación erecta y de la locomoción bípeda así como también del sexo del individuo a quien perteneció.

 

Como se sabe, el Hombre de Tautavel marchaba sobre sus dos extremidades inferiores, con una pequeña diferencia respecto a la del Hombre moderno, en su forma ligeramente oval lo cual nos indica que la movilidad de la articulación debió haber sido un tanto limitada.

 

Metodología de la excavación

 

Los sitios prehistóricos constituyen los archivos más antiguos en la historia del Hombre puesto que son anteriores a la aparición de la escritura. Estos archivos, sumamente preciados, pueden ser leídos a través de una excavación, metodológicamente, bien llevada a cabo. La investigación prehistórica proporciona una valiosa información a través de la excavación, después en el laboratorio es donde investigadores, geólogos, geoquímicos, geofísicos, paleontólogos, paleobotánicos, paleoetnógrafos, antropólogos trabajan en conjunto para penetrar en la vida cotidiana de los cazadores prehistóricos y en la restauración de su medio ambiente.

 

En el curso de la excavación, los diferentes suelos de hábitat correspondientes a las sucesivas ocupaciones de la gruta fueron liberados uno tras otro. La excavación es una  labor bastante minuciosa y la exploración y liberación se efectúa con útiles de dentista, punzones, brochas, agujas, entre otros. Todos los objetos pueden ser reubicados gracias a la cuadrícula que se hace dentro de la gruta (Foto 2) así como por los dibujos que durante la liberación se van efectuando sobre los planos de la misma. Las fotografías y los moldes efectuados durante el proceso de excavación permiten conservar una imagen fiel de los diferentes suelos de hábitat.

 

Sobre el sitio, los cortes estratigráficos, transversales y longitudinales, se hacen sistemáticamente en cada uno de los metros cuadrados, de acuerdo a la cuadrícula. Estos permiten estudiar la sucesión de las capas para mejor comprender la evolución de los diversos suelos de habitat y de conocer los fenómenos geoquímicos secundarios que han alterado el relleno. Toda la tierra de la gruta, es recolectada durante el transcurso de las excavaciones (Foto 5), por metro cuadrado y por capa, es cuidadosamente lavada y cernida a través de un tamíz fino (malla de 0,6mm) para así recoger los más pequeños objetos como, por ejemplo, los dientes de roedores. Durante las excavaciones, todo material descubierto es marcado. Después se clasifica y finalmente es inventariado. Con esto, toda la información constituye un banco de datos que puede ser consultado en cualquier momento.

 

Habitat

 

Los cazadores que venían sucesivamente a habitar la gruta, durante la primera parte del pleistoceno medio, entre 550 000 y 400 000 años, debieron ocupar la parte exterior de la misma en donde se encontraba la entrada original. Sin embargo, a causa de la erosión, este sitio está prácticamente desaparecido. De la misma manera, los hombres se instalaban frecuentemente en el interior de la gruta, a escasos diez metros de la entrada, en una zona privilegiada, en una pequeña depresión en la arena.

 

Los cazadores pudieron utilizar la gruta, ya fuera como un simple alto durante la cacería, ya fuera para desmembrar la pieza o como un campamento temporal. La abundancia del material descubierto en los diversos suelos de habitat y la determinación de las estaciones anuales durante las cuales abatían a los animales, nos permiten estimar con precisión la duración de cada ocupación. Cuando el campamento se prolongaba, los hombres colocaban piedras sobre el suelo para protegerlos eficazmente de la humedad y de evitar los hundimientos en la arena. Algunos de estos empedrados alcanzan gran espesor y son el testimonio de un campamento relativamente contínuo durante un largo periodo.

 

No obstante que el campamento fue bien localizado, ninguna estructura elaborada ha podido ser hallada. Los hombres aún no habían domesticado el fuego por lo cual no existen evidencias como lo serían el carbón de madera, cenizas  o de algún hueso quemado.

 

Museo

 

El Ayuntamiento de Tautavel, población con un poco más de un millar de habitantes, ha creado, en asociación con el Ministerio de la Cultura y de la Comunicación y del Consejo General de los Pirineos Orientales, un museo de prehistoria y un Centro de Documentación y de Animación Cultural. Se encuentra abierto desde junio de 1999, museográficamente se exhiben las grandes etapas de la aventura humana desde hace tres millones de años.

 

Gracias a diez consolas interactivas, el visitante puede dialogar con los diversos investigadores en el campo de la prehistoria con preguntas que son respondidas por un banco de imágenes grabadas; se puede seguir la labor de investigación que se efectúa en el campo y en laboratorio, reconstruyendo el modo de vida de los grandes cazadores de la Prehistoria y de su medio natural.

 

Los laboratorios en los cuales se analiza el material proveniente de la gruta permiten estudiar el material arqueológico conservado en las bodegas y de proseguir con las investigaciones de alto nivel en el dominio de la geología del Cuaternario, de la Paleontología humana y de la Prehistoria. Estos laboratorios conforman al Centro Europeo de Investigaciones Prehistóricas bajo el auspicio del Museo Nacional de Historia Natural y de la Universidad de Aix-Marseille, teniendo como finalidad el estudio del hombre fósil y de su ambiente natural, puesto que se cuenta con los laboratorios de estudio sobre útiles prehistóricos, de paleoantropología y de arqueozoología, de sedimentología y de micromorfología, de palinología y de paleomagnetismo. Durante el verano, se ofrecen cursos a jóvenes interesados en la prehistoria y ciencias afines, provenientes de diversos países, a quienes se les instruye ya sea para proseguir con la excavación de la gruta o en los diferentes laboratorios.

 

Todo lo anterior ha hecho del Centro Europeo de Investigaciones Prehistóricas un verdadero centro internacional para este tipo de estudios.

 

 

 

[1] El presente artículo es resultado de investigación y de experiencias como participante en dos temporadas de campo (1988 y 1990) en el terreno de la Prehistoria, en Tautavel, Francia. Las fuentes consultadas fueron obtenidas mediante información personal y conferencias sustentadas por Henry de Lumley, Director del Instituto de Paleontología Humana de París e investigador del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) en Francia; así como también por Marie-Antoinette de Lumley, prehistoriadora, paleoantropóloga y Directora emérita del Centre National de la Recherche Scientifique, igualmente de informaciones personales de reconocidos investigadores en los campos de la Prehistoria y de la Paleoantropología que laboraron en las excavaciones de la Caune de l’Arago , cito, entre otros a Mme. Anne-Marie Moine, Mme. Florence Tosca, M. Alain Fournier, M. Abdullah Camara, M. Christophe Saint-Auber.

 

 

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