© Agosto - noviembre 2019

FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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Nefebelitudes

 I

Blancas, sonrisas; grises, llantos; arreboladas, rubores; negras, melancolía:  la tonalidad de las nubes es el lenguaje corporal climático.

 

II

Nubes en el cielo, algodones en la tierra; materiales esperando ser teñidos y tejidos.

 

III

Plásticas, dúctiles, frágiles y efímeras; así las ideas peregrinas y las nubes.

 

IV

Los escultores de mármol y nubes, respectivamente: Fidias en la Hélade antigua, el viento en la bóveda azul.

 

V

Las figuras que imaginamos en el cielo están expuestas en la galería más accesible del mundo.

 

VI

En el escenario supraterrenal, la albiceleste compañía de teatro actúa gratuita y sempiternamente para todo aquel que guste voltear a ver.

 

VII

Las nubes son las fumarolas de un cigarro jamás visto e inimaginado.

 

VIII

Los rizos obscuros de las nubes pluvíferas son arabescos de algún ígnoto sahumerio y aspersorios de agua bendita.

 

IX

Las nubes se desplazan por el cielo como lo hacen los gránulos por el reloj de arena.

 

X

Las piruetas, requiebros y cambios de las nubosidades son las animaciones del fondo de pantalla en el móvil terrestre.

 

XI

El viento cierne los grumos de nubes para panificar los panes en el horno...Q

 

XII

Los nubarrones son los pensamientos confusos y ambiguos del horizonte.

 

XIII

Los altocúmulos son el rebaño celeste pastoreados por Eolo.

 

XIV

Las oquedades entre nubes son ventanas donde se atisban mutuamente los astros y el mundo.

 

XV

La nefelomancia es una correspondencia cuya epístola está dirigida a gente nefebilata, como Rubén Darío.

 

XVI

La margarita lunar resplandece más cuando se abre la madreperla nebular.

 

XVII

En ocasiones, un numinoso y luminoso dedo señala algo — con extrañas intenciones — desde una manga de nubarrones.

 

 

XVIII

En la lontananza, puede verse una nave internebular lanza rayos y bombas líquidas a la tierra (algo así como lo hizo la Estrella de la Muerte con Alderaan) con fines de conquista.

 

XIX

En los días claros de otoño se ven las canas rizadas del año en curso. 

 

XX

Las nubes rubias roban sus oros al sol.

 

XXI

Las nubes suben de tono y su rubor les delata la curiosidad por atisbar al blondo viajero.

 

XXII

Desde el final del túnel del gran vacío, la luz de la luna llena ilumina los escollos nubosos.

 

XXIII

La nubosidad reptil trae el agua en tiempo de canícula, así como la vía láctea la luz al resto del universo.

 

XXIV

¿Por qué necesariamente habrían de llorar las nubes cuando llueve?

 

XXV

La hoja de papel celeste es desgarrada por la mano eólica y sus jirones se transforman en nubes errantes que serán empleadas en algún collage posteriormente.

 

XXVI

Las iridiscencias en las nubes son el teñido con crepé que hizo un incógnito peluquero estratosférico.

 

 

XXVII

¿Las estelas de condensación son las huellas que dejan las aves mecánicas o son evidencias de alguna maniobra malintencionada?

 

XXVIII

Podría hacer una función cosenoidal o series de Fibonacci con cada una de las nubes y aún así no podría describir su belleza.

 

XXIX

Crisantemos y gisófilas en la tierra, nubes en el cielo.

 

XXX

Las montañas cumulonímbicas (cuando son generosas) ofrecen sus cristales a la tierra a manos llenas, pero a menudo son incomprendidas por sus agasajados.

 

XXXI

Los truenos son la pirotecnia; la lluvia, las chispas en cascada y los nubarrones, el humo resultante de los divertimentos atmosféricos.

 

XXXII

Las nubes son los vilanos de un ignoto diente de león que un hálito divino ha soplado.

 

XXXIII

En el almohadón de plumas nebulares es donde comienzo a ver materializados mis sueños más lúcidos.

 

XXXIV

La nube es un pedazo de efímera completitud ante nuestros ojos.

 

XXXV

Las fiorituras y requiebros que veo en el caldo rojo con migas del desayuno me recuerdan a las nebulares en el cielo azul.

 

XXXVI

¿Las figuras que veo en las nubes son un reflejo de mí mismo?

 

 

 

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