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FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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El límite con los otros: el legado territorial prehispánico en el centro de Veracruz

Al observar un mapa uno se topa con aquellas delgadas líneas que delimitan los espacios, líneas imaginarias que separan los países, estados y municipios que componen un territorio político. Pero en cuantas ocasiones nos hemos preguntado, ¿de dónde vienen?, ¿por qué fueron trazadas en esos lugares?, ¿quiénes decidieron estos límites? Estas y muchas otras cuestiones pueden ser planteadas sobre las divisiones territoriales en los mapas.

 

Si nos adentramos un poco en la historia se puede observar que muchas veces estas fronteras han cambiado, delimitando y reestructurando nuevamente los territorios conocidos, pero en diversos casos es posible observar totalmente lo opuesto, líneas en los mapas que han permanecido por muchos años, sobreviviendo a procesos políticos y sociales; estas regiones han conservado sus espacios delimitados a través de sus tradiciones, de su devenir en el tiempo.

 

Estas limitaciones territoriales han permanecido inamovibles durante mucho tiempo y pueden ser observadas en diversas representaciones culturales de los grupos a quienes pertenecieron, como son los documentos de carácter histórico, la tradición oral, la tradición pictórica, entre otras.  El presenteartículo pretende divulgar información acerca del origen y continuidad de las fronteras pertenecientes a unidades político territoriales encontradas para el área de Mesoamérica, enfocándose en la demarcación del municipio de Xicochimalco, Veracruz.

 

Localización

 

Al acercarse al Cofre de Perote o Nauhcampatépetl, es inevitable observar el panorama ofrecido por este volcán y sus cercanías, se aprecian sus escarpadas colinas, abruptas cañadas atravesadas por ríos; este paisaje agresivo, pedregoso, junto con verdes bosques contrasta con terrenos cultivados, calles, casas, parques  e iglesias, pero sin dejar la armonía de complementarse y crear el territorio del cual hablaremos.

 

El municipio de Xicochimalco está situado en las estribaciones del Cofre de Perote, en la zona centro del estado de Veracruz. El asentamiento moderno, Xicochimalco de Santa María Magdalena, hoy simplemente Xico, está ubicado a 24 kilómetros de la ciudad de Xalapa, capital del estado.

 

La comunidad campesina de Xico Viejo se localiza a 7 km al suroeste del actual asentamiento.La comunidad está conectada por una serie de caminos con localidades cercanas como Matlalapa, Itxochitl, Cuautitila y Ticuauticpa.El nombre de la comunidad proviene del náhuatl xicolli – jicotillo; chimalli – escudo; y co – de locativo. Su topónimo aparece en la lámina 13 del Códice Mendocino.

 

Xicochimalco colinda al norte con los municipios de Perote y Coatepec; al este con los municipios de Coatepec y Teocelo; al sur con los municipios de Teocelo e Ixhuacán de los Reyes; al oeste con los municipios de Ixhuacán de los Reyes, Ayahualulco y Perote. Las referencias escritas más antiguas del asentamiento que se tienen provienen de dos conquistadores, el primero, el capitán Hernán Cortés y el segundo, el soldado Bernal Díaz del Castillo.

 

Cortés (1981: I-II), en su segunda carta de relación enviada al rey de España menciona que

 

 (…) Y á la cuarta jornada entré en la provincia, que se llama, Sienchimalen: en que ay en una Villa muy fuerte, y puesta en recio lugar, que está en una ladera de una Sierra muy agra, y para la entrada no hay sino un fino paso de escalera, que es imposible pasar, sino gente de pie, y aun con harta dificultad, si los naturales quieren defender el paso: y en lo llano hay muchas aldeas, y alquerías de á quinientos, y á trescientos, y á doscientos vecinos labradores: que serán por todos hasta cinco, ó seis mil hombres de guerra: y esto es del señorío de aquel Moctezuma.”

     

Bernal Díaz del Castillo (2000: 142), cronista integrante de las fuerzas al mando de Cortés menciona también su paso por esta región:

 

(…) Y partimos de Cempoala mediano el mes de agosto de mil quinientos diez y nueve, y siempre con muy buena orden, y los corredores del campo y ciertos soldados muy sueltos delante. Y la primera jornada fuimos a un pueblo que se dice Xalapa, y desde allí a Socochima”

Podemos observar que el asentamiento es mencionado con nombres diferentes. Cortés se refiere a él como Sienchimalen y Bernal como Socochima, la descripción más completa es la que proporciona el primero, al mencionar el terreno y la población, dejando ver que se trataba de un asentamiento estructurado política y socialmente hablando, al igual que expone las características geográficas de la región escarpada de las estribaciones del cofre de Perote. Esta descripción es nuestro primer acercamiento a las delimitaciones del territorio de Xicochimalco, pero a un primer grado, la región en la que se localiza.

 

La unidad político-territorial mesoamericana: el altépetl

 

El nacimiento de este tipo territorios delimitados, como el antes mencionado por Cortés y Bernal, se da bajo la estructura de unidades territoriales y sociales que sirvieron de base para las organizaciones políticas. En época prehispánica encontramos una estructura político-territorialcompleja,la cual representaba una unidad base, el Altépetl, misma quese va repitiendo y ligándose a otras unidades similares para constituir la base de la territorialidad mesoamericana al momentode la conquista; algo similar a lo que observamos en la actualidad, teniendo unidades menores, en nuestro caso municipios, los cuales se agrupan en otra unidad mayor, los estados.

 

En dicha unidad político territorial se puede distinguir la presencia de una estratigrafía social, observable mediante la jerarquización de asentamientos como lo es el altépetl y su sistema, el cual presenta dos unidades generales, los altepemes y el Huey altépetl. Dichos rangos eran basados en la posición geográfica y en las cargas simbólicas que se le adjudicaban (Jalpa, 2013: 2-6).

 

Cuando los españoles llegaron al territorio de lo que actualmente es México, se encontraron con un complejo sistema de estructuración de unidades político territoriales en las cuales se dividía el territorio mesoamericano. El imperio mexica parecía ser un “mosaico de pueblos” (Soustelle, 1955: 20), pueblos que eran conglomerados de gente, autoevidentes, exóticos y explotables (Gibson, 1984: 35).

 

De Las Casas (1992: 120) menciona que

 

no se necesitaban testigos del cielo para demostrar que se trataba de pueblos políticos, con poblaciones, lugares habitados de gran tamaño, villas, ciudades y comunidades.

 

Los españoles encontraron una estructuración que les asemejo a los que ellos concebían como pueblos, grandes aglomeraciones de espacio construido, las cuales tenían sujeta una zona menos habitada, que se encargaba de la labranza de la tierra, y que estaban sujetos a una relación estratificada, siendo el núcleo de población de mayor jerarquía que la zona rural.

 

El término altépetl, cuya traducción literal es agua-cerro (puede ser traducido como ciudad, pueblo, estado o señorío), es un concepto que encontramos en el mundo indígena desde tiempos remotos con el surgimiento del mundo olmeca, donde aparece asociado a mitos cosmogónicos de origen, en estrecha relación con la partición del cipactli y la emergencia de la montaña prístina de las aguas primordiales (López Austin y López Lujan, 2009: 154).

 

Iconográficamente el elemento remite a varios conceptos. En la escritura indígena la figuración consistió en una forma piramidal o acampanada con dos elementos básicos. El agua y el cerro indicando el orden de la lectura; es decir de abajo hacia arriba. En algunos documentos conservó estos dos elementos pero en otros se dio preferencia a la montaña y la oquedad en la parte inferior perdiendo el elemento de agua (Jalpa, 2013: 1).

 

Históricamente, una unidad sociopolítica se define de acuerdo a su tamaño, densidad poblacional, economía, la relación política que existe entre unas unidades y otras. 

 

Del altépetl dice Sahagún (1979)[1]que,

 

Aquí, los hombres de Nueva España, los antiguos hombres decían de estos (de los ríos), de allá vienen, que de allá vienen del Tlalocan, puesto que son propiedad, puesto que de él sale la diosa cuyo nombre es Chalchiuhtlicue, “la de la falda de jade”. Y decían que los cerros son solo fingidos, solo por encima son terrosos, pedregoso, que solo son como vasijas, como casas que están repletas de agua. 

 

Aquí la connotación del altépetl se refiere a su carácter como dador de vida a través del agua que contiene, del agua que derrama para que los hombres puedan beneficiarse, para tener posibilidades de regar sus campos y sustentarse.

 

El término altépetl también fue utilizado para referirse al centro de poder y su control sobre los recursos naturales y humanos. El disfracismo “in atl in tepetl”; el cerro y el agua, sintetiza la noción geopolítica que incluye un territorio y el acceso a los principales recursos que eran vitales para los pueblos agrícolas: tierra y agua y todo lo que contienen estos espacios.

 

En la cartografía colonial de tradición indígena el elemento ocupó un lugar preponderante en la estructura narrativa y generalmente lo encontramos como referencia para indicar los dominios territoriales de los centros de poder, su control sobre los hombres y los recursos naturales. Incluye una serie de variantes figurativas que se sustentan en nociones conocidas y propagadas por todos los pueblos del área mesoamericana que sobrevivieron durante toda la época colonial y que probablemente tomaron elementos de esta concepción o se nutrieron con nuevas representaciones (Jalpa, 2013: 2).

 

Torquemada (1978: 332) menciona sobre él que

 

el modo que estas gentes indianas tenían en repartir el suelo de toda la tierra era de esta manera: que los pueblos llaman altépetl, y esto es en común, pero a las ciudades llaman hueyaltepetl, los cuales pueblos tenían repartidos por parcialidades.

 

El concepto resumía la compleja organización de la sociedad prehispánica y representaba un modelo que tenía varias cargas significativas que se pueden agrupar en geopolíticas, socioeconómicas y culturales. 

 

Cuando se habla del altépetl se refiere en primer lugar al vínculo que establece el hombre con el entorno: el cerro y el agua. Su referencia es un espacio sagrado, no es cualquier cosa. Dentro de este espacio sagrado se funda la ciudad o el centro ceremonial que recrea el espacio cosmogónico dentro de su traza urbana.

 

Si bien se parte de una categoría que tiene su fundamento en la historia mítica, la mayor parte de los altepemes fundamentaban su existencia a partir de espacios concretos. Aunque hay montañas sagradas que tienen una cobertura amplia, la mayoría de los altepemes centraron su cosmovisión en elementos específicos de su territorialidad. Por ejemplo para los grupos nahuas de la cuenca, el Popocatepetl e Iztaccihuatl son dos númenes importantes en su geografía sagrada. Sin embargo, para determinados pueblos existían espacios particulares con los que estaban identificados pero no compartían con los otros. Tal es el caso de la Matlalcueye para los pueblos poblano-tlaxcalteca; la sierra del Tentzon, el Pico de Orizaba o Poyauhtecatl para los cuauhtinchantlaca, o bien el Teuctli para los pueblos serranos del Ajusco (Torquemada, 1978: 332).

 

El primero en definir y utilizar el concepto del altépetl como unidad de división territorial y social tal como lo mencionamos en el presente artículo es Lockhart (1992: 27), quien ha precisado el uso de este concepto, añadiendo el elemento demográfico y de poder. Para este autor, altépetl “se refiere en primer lugar, al territorio, pero lo que significa principalmente es una organización de personas que tiene el dominio de un determinado territorio”. 

 

El altépetl entonces, es en primera instancia un territorio habitado por personas que reconocen ser habitantes de ese territorio y también la organización de las personas que rigen tal territorio. Con las bases presentadas nos queda una interrogante por responder, ¿cuáles eran los límites de Xicochimalco? Las unidades tenían un espacio delimitado política, social y geográficamente, lo que nos llevaría a buscar evidencia de estos límites en documentos pictográficos, en mapas. Los más antiguos de los que podemos disponer para el municipio datan del siglo XVI, pero la evidencia arqueológica nos indica que la tradición es más antigua. A continuación abordaremos estos documentos y los trataremos extensamente.

 

Mapas y fronteras

 

El documento principal con el que contamos es un conjunto cartográfico de 3 elementos conocido como “los mapas Cuauhtinchan”. El sitio de Xicochimalco aparece en dos de estos mapas; de igual manera hallamos documentos que se realizaron con el propósito de legitimar la posesión de tierras en el estado de Veracruz, como lo es el mapa de Santa María Magdalena Xicochimalco, el cual será tratado más adelante.

 

El primer documento habla sobre las conquistas chichimecas. En el mapa encontramos la representación del Pico de Orizaba, y hacia la zona superior una serie de sitios en los cuales se representa una batalla o conquista, debido a los cuerpos y proyectiles presentes. Situado entre estos dos elementos se localiza una elevación, un cerro, el cual no presenta topónimo alguno y no se puede saber con certeza su nombre, debajo de la esquematización del cerro encontramos un templo frente al cual se localiza un personaje de perfil, quien está posicionado de manera horizontal viendo hacia abajo, así como los dos elementos antes referidos. Este se encuentra con un chimalli (escudo circular) y una pantli (bandera); y junto a su cabeza se localiza otro chimalli que tiene en su interior la representación de perfil de una abeja o jicote, lo que identificamos como el topónimo del asentamiento que estudiamos, Xicochimalco ( Xico – xicotl, chimal – chimalli y co – locativo).

Mapa 1 de Cuauhtinchan.

 

El segundo mapa presenta la ruta que siguieron varios grupos de Chicomoztoc a Cuauhtinchan, posiblemente basado en la tradición oral del mito de migración de su lugar de origen. En este documento se puede apreciar la representación del Pico de Orizaba nuevamente, tiene un camino, el cual presenta una serie de huellas que remiten al movimiento de las migraciones de estos grupos. Pasando el Citlaltepetl encontramos un remolino de agua, un cerro en el cual se presenta un personaje acostado y continuando sobre esta línea, hayamos el topónimo de Xicochimalco, el Chimalli con el Xicotl; y continuando por este mismo camino, se esquematizó el Cofre de Perote, rasgo geográfico visible desde el asentamiento.

 

Como hemos ido observando, la representación de la unidad político territorial del altépetl se ha representado y asociado al cerro, encontrando una asociación tripartita de cueva-cerro-adoratorio, el cual contiene desde nuestra perspectiva tres rasgos fundamentales de la configuración espacial que son: los recursos-el territorio-la sociedad. Esta última resaltada en el aspecto ideológico, que para las sociedades mesoamericanas no estaba separado de los aspectos políticos y administrativos de las mismas.

 

El elemento inmodificable e invariable de esta triada es el cerro, elemento gráfico que resume al altépetl como el territorio y los recursos, también le ofrece su carácter de unidad política, misma que sin importar su jerarquía, continúa siendo una unidad de estructuración política y territorial dentro del ámbito mesoamericano. Dicho recurso plástico continuó siendo empleado en época posterior, enmarcando en un cerro las cabeceras o las iglesias importantes o revistiendo dichos sitios con los elementos que se plasmaban en la representación del cerro, como en el caso de las iglesias achuradas encontradas para el sitio de Xicochimalco en etapas posteriores a la conquista.

 

Nuestro tercer documento se realizó con el propósito de legitimar la posesión de tierras en el estado de Veracruz, durante un conflicto que se produjo al modificarse los limites provenientes de la unidad política prehispánica de Xico, este documento se ha nombrado como “el mapa de Santa María Magdalena Xicochimalco”. En él se aprecia el cofre de Perote como referencia geográfica al igual que los mapas anteriormente descritos, y se aprecia el topónimo del asentamiento pero en esta ocasión carente del escudo, se observa solo el Xicotl con el cuerpo en negro y varias partes achuradas. Aquí podemos ver por primera vez enmarcados los límites que provenían de época prehispánica y que siguieron hasta la actualidad.

Mapa de Santa María Magdalena Xicochimalco. 

 

Mediante esta revisión llegamos a entender el recurso plástico del cerro para la representación de las unidades político territoriales en Mesoamérica. Esta investigación se enfoca en cómo una sola representación mantenía no solamente el registro o la carga de representar a las unidades antes mencionadas, sino que las legitimaba y daba las pautas a la caracterización propia del altépetl.

 

Consideraciones finales

 

Hemos buscado mostrar el origen de los límites territoriales del actual municipio de Xicochimalco a través de la organización política territorial de carácter prehispánico. Esta unidad sirvió como la base y soporte, así como también el modelo operacional del cual surgieron las nuevas categorizaciones territoriales en épocas posteriores.

 

En el siglo XVI prehispánico, la comunidad de Xicochimalco estaba organizada como un altépetl, lo que indica que poseía un territorio propio delimitado de las demás unidades políticas, información que es posible apreciar a través de la tradición pictórica que estos pueblos emplearon en sus mapas.

 

Llegamos a la conclusión que la figura del altépetl fungió como pieza clave y fundamental en la conformación de los territorios después de la conquista, agilizó la manera en que se administraron los territorios y se llevó la asignación de las tierras; ayudó a mantener, hasta cierto grado, la forma en que convivían los grupos originarios dentro de sus territorios, así como sus relaciones dentro y fuera de la unidad. Xicochimalco, como muchos otros asentamientos, mantuvieron la forma de gobierno después de la llegada de los españoles, lo que permitió mantener una continuidad en los límites territoriales de las antiguas unidades político-territoriales hasta nuestros días.

 

 

 

[1]Este fragmento del códice Florentino fue tomado del artículo de Raúl García Chávez.

 

 

Referencias

 

 

Códice Florentino lib. XI, cap. VII, parag. 9, tomado de GARCÍA CHÁVEZ, Raúl (2007). El altépetl como formación sociopolítica de la cuenca de México. Su origen y desarrollo durante el posclásico medio. Centro INAH EDOMEX.

 

CORTÉS, Hernán (1981). Historia de la Nueva España, aumentada por Francisco Antonio Lorenzana. Tomo 1, SHCP, (I-II).

 

De Las Casas, Bartolomé (1992). Apologética historia sumaria. Ed. Alianza: 120.

 

DE TORQUEMADA, Juan (1978). Monarquía indiana: de los veinte y un libros y monarquía indiana, con el origen y guerras de los indios occidentales, de sus poblazones, descubrimiento, conquista, conversión y otras cosas maravillosas de la mesma tierra. Vol. IV,  UNAM: 332.

 

DÍAZ Del Castillo, Bernal (2000). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Editorial Porrúa, México: 142.

 

GIBSON, Charles (1984). Los aztecas bajo el dominio español (1519 – 1810). Editorial Siglo Veintiuno, 8va edición, México: 35.

 

JALPA Flores, Tomás (2013). Del altépetl a los pueblos de indios: reflexiones sobre la construcción geopolítica de los espacios habitacionales en el Nuevo Mundo. Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. México: 2 - 6.

 

LOCKHART, James (1992). Los nahuas después de la conquista: historia social y cultural de los indios del México central, del siglo XVI al XVIII. Fondo de Cultura Económica, México.

 

LÓPEZ Austin, Alfredo y Leonardo López Lujan (2009). Monte sagrado. Templo Mayor, INAH, UNAM, México: 154.

 

SOUSTELLE, Jaques (1955). La vie quotidienne des Aztèques à la vielle de la conquête espangole. París: 20.

 

 

 

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