© Agosto - noviembre 2019

FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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La inundación olvidada de 2007: el otoño en la Sierra de los zoques, una experiencia personal e histórica

 

Cuando se habla sobre Tabasco y su identidad histórica, casi siempre se hace referencia a las cabezas colosales y a la cultura olmeca, esto se debe a que en esta entidad hubo un proyecto modernizador en el que se promovió la historia de una identidad indígena de museo y se propuso que se olvidaran a las culturas originarias, que son los chontales y zoques que tienen presencia de varios siglos en estas tierras. Fueron ellas las primeras en tener contacto con los colonizadores españoles, durante la primavera de 1519, hace casi 500 años. 

 

Particularmente los zoques fueron duramente afectados y disminuidos, en un primer momento a través de un largo proceso histórico. Su región fue conquistada por Montejo a partir de 1529 y las enfermedades los afectaron al igual que a los chontales de la costa tabasqueña, reduciéndolos en más de 90 % de su población según estiman historiadores. A pesar de eso, la presencia zoque fue considerable hasta principios de siglo XX, hasta que el proyecto modernizador los eliminó de los censos. Fue a principio de siglo XXI que la cultura zoque parecía resurgir, a partir del impulso que un proyecto educativo intercultural encabezado por la Universidad Intercultural del Estado de Tabasco (UIET) situada en Oxolotán a partir del año 2005, ha otorgado para retomar parte de su historia y rescatarlos del olvido, de forma incipiente. 

 

En este artículo se hace una reflexión sobre el olvido en que han permanecido los zoques de Tabasco, se toma como ejemplo lo sucedido a finales de octubre y principios de noviembre de 2007, cuando las lluvias generadas por el frente frío número 4 provocaron dramáticas inundaciones que afectaron a todo el estado y que fueron catalogadas como uno de los peores desastres naturales a nivel nacional, por las millonarias pérdidas; y el de mayor gravedad para la entidad en los últimos años.

 

Aunque en Tabasco las inundaciones son constantes por la situación geográfica – está rodeado de ríos, lagunas y es un estado costero – lo sucedido en el otoño de 2007 puso en evidencia la vulnerabilidad y el olvido en el que se vive en sus diferentes regiones, se estima que la inundación afectó a más de un millón de personas y las pérdidas económicas fueron muchas, pues a finales de octubre y principio de noviembre de ese año, la mayor parte del estado y sus 17 municipios fueron afectados por las lluvias.

 

A pesar de que la atención se centró en la capital, hubo otros municipios, localidades, villas y poblados duramente afectados, entre ellos los de la sierra. En este trabajo se hace una crónica de lo acontecido la noche de la inundación en Villa Tapijulapa del municipio de Tacotalpa, como un ejemplo del olvido de la cultura zoque tabasqueña.  

 

La gran inundación del otoño de 2007 y la región de la sierra de Tabasco

 

Tabasco es un estado que a lo largo de su historia ha sufrido varias inundaciones, la relación histórica entre agua e identidad cultural es estrecha, por su ubicación geográfica, su orografía y sus características climáticas. Se tienen registradas varias de consecuencias graves a lo largo de la historia de este estado, sin embargo la inundación de 2007 ha sido catalogada como la más devastadora de los últimos años.[1]

 

El territorio tabasqueño es atravesado por varios ríos y lagunas, los ríos de caudales importantes se encuentran en este estado. Uno de los más importantes es el Grijalva, además del Usumacinta que es el más extenso y ha sido navegable (los chontales navegaron en él por siglos); otros como el Samaria, Tonalá, el Río de la Sierra, el Puyacatengo, Pichucalco, son importantes. Tabasco está dividido en 17 municipios que se sitúan en distintas regiones, una de ellas es la región de la Sierra, históricamente conocida como la “Sierra de los zoques”.

 

Para este trabajo es de interés conocer esta región, que comprende los municipios de Jalapa, Teapa y Tacotalpa, en donde se encuentra Villa Tapijulapa, población de menos de 3,000 habitantes que en la actualidad está dentro del programa Pueblos Mágicos. Es una pequeña comunidad bañada por los ríos Oxolotán y Amatán, provenientes del norte de Chiapas y que se convierten en el Río de la Sierra, que desemboca en el caudaloso Grijalva, que inundó la capital del estado Villahermosa en el otoño de 2007.

 

En la actualidad, Tapijulapa cuenta con población indígena, perteneciente a la etnia chol, sin embargo a lo largo de varios siglos, en la región de la Sierra y en este municipio se tuvo presencia de pueblos zoques, este grupo se vio seriamente disminuido por diferentes razones y afectado por una serie de políticas que los fueron diezmando a lo largo del tiempo, en la actualidad muy poca población zoque se encuentra y apenas un puñado de ancianos mayores a 70 años hablan esta lengua, sin embargo el legado de esta cultura queda en algunos recuerdos y rasgos culturales, la organización comunitaria es uno de ellos. 

 

Los zoques en Tabasco han habitado esta región desde hace mucho tiempo, se tiene un registro de más de 3000 años de presencia zoque (Terreros, 2014), fue en el siglo XX cuando debido a políticas castellanizadoras la mayor parte de esta población se le prohibió hablar su lengua y se le impuso el español, además de que a lo largo de décadas grupos choles migraron desde Chiapas y fundaron comunidades en la actual Sierra de Tabasco. Los zoques quedaron en el olvido, y es hasta los últimos años en que se ha tratado de reconstruir su historia, principalmente porque en el poblado Oxolotán, se fundó una Universidad Intercultural en el año 2005, que intenta rescatar el legado zoque de la región. En el presente buena parte de la población incluso de Tabasco, desconoce la historia de los zoques. 

 

El hecho de que buena parte de la población de Tabasco desconozca que en la región serrana exista población indígena, ha hecho de ella una región olvidada, durante el otoño de 2007 la región zoque fue la primera en recibir las fuertes lluvias y sus comunidades se inundaron, a diferencia de lo sucedido en otros lugares del estado, los ríos bajaron de nivel en pocas horas, ya que la región es montañosa, sin embargo el poderío de sus aguas, alimentaron los niveles del río de la Sierra que kilómetros después se convierte en el Grijalva que fue el que afectó a la capital del estado, la ciudad de Villahermosa.

 

La inundación en Tapijulapa en 2007, una experiencia personal

 

El municipio de Tacotalpa donde se encuentra la Villa Tapijulapa, ha sufrido inundaciones a través de los años. Álvarez, Vera y Ramos (2016), presentan una serie de datos históricos sobre ellas, en su estudio se presenta que se tiene el registro en 1879 de una terrible inundación que prácticamente destruyó a los pueblos de Tapijulapa y Oxolotán. 

 

El pueblo de Tapijulapa fue completamente destruido y en Tacotalpa, Astapa y otras partes, carecen hoy sus moradores de toda clase de granos para subsistir… El pueblo de Oxolotán desapareció en su totalidad, pues aunque quedaron en pie seis casas y la iglesia, aquéllas están en muy mal estado; además, habiendo ascendido el terreno de la población más de un metro por el limo que las aguas dejaron en ella depositado. (2016, 221). 

 

El otoño de 2007 fue una gran lección para el estado de Tabasco, ya que gran parte de la entidad estuvo bajo el agua, incluyendo sus regiones indígenas; sin embargo, la población mexicana poco se enteró que la región de la Sierra también estuvo en estado de emergencia, incluso se debió haber puesto atención en la revisión de las crecientes de los ríos Oxolotán y Amatán, para saber que los históricos ríos de la sierra, alimentarían de manera dramática al Grijalva y tomar medidas de precaución en la capital del estado en aquél otoño. Como experiencia personal tuve la oportunidad de vivir de cerca los efectos de las lluvias provocadas por el frente frío número 4 en la Villa Tapijulapa. Aquí la crónica.

 

El domingo 28 de octubre de 2007, tenía apenas 3 meses de haber llegado a trabajar a la UIET, ubicada en el poblado Oxolotán que se encuentra a 15 kilómetros de Villa Tapijualapa, como profesor investigador en la Licenciatura en Lengua y Cultura. Aquella tarde me encontraba con mi familia (mi esposa e hija de 6 meses), fue un domingo cotidiano excepto porque desde el medio día la lluvia se fue intensificando. Al bajar a comer a la plaza, en la que un grupo de señoras con sus vestidos zoques ponían su tianguis de comida típica, junto a una exposición de mimbre, en los escalones se hacían cascadas de agua. Me di cuenta que las coloridas calles del pueblo estaban recibiendo mucha lluvia y eso me causó temor, por lo que posterior a la comida regresé junto con mi familia a mi casa, ubicada en la parte alta del poblado.

 

En aquel octubre estaba aún en construcción el último tramo de la carretera Tacotalpa-Oxolotán, y el que va de la comunidad de Villa Luz estaba sin terminar, por lo que el camino hacia la Universidad era complicado, pero majestuoso por la belleza de sus montañas y por el río Oxolotán que adorna dicha vía, misma que siguieron los conquistadores españoles para someter a los pueblos zoques de Tabasco y Chiapas hace casi 500 años. 

 

La tarde noche lluviosa de aquél 28 de octubre, mientras me disponía a descansar y sintonizaba un partido de beisbol de la Serie Mundial entre los Red Sox y los Padres de San Diego, la luz se fue (la energía eléctrica con regularidad se cortaba en los poblados serranos), por lo que con la intensa lluvia de aquella noche, me fui a dormir sin saber que la creciente de los ríos Amatán y Oxolotán inundarían las calles de la Villa Tapijulapa esa noche. 

 

Durante la madrugada escuché los sonidos inusuales de la gente resguardándose hacia las partes altas, moviendo algunas de sus pertenencias y tratando de salvar la vida; los que tenían automóvil lo movieron hacia la carretera que va rumbo a la cabecera municipal. Pero un sonido llamó mi atención, el sonar de un caracol, que un día después supe era la señal que los antiguos zoques daban como alerta a la población para evacuar en varios de los poblados situados juntos a los ríos de la Sierra. A la mañana siguiente salí desconcertado y vi sobre la carretera una movilización constante de personas, caminé hacia la parte donde se encuentra el mirador y la iglesia en Tapijulapa, para mirar a un pueblo bajo el agua; fue impactante para un recién asentado en ese entonces en un poblado de la sierra de Tabasco, eso fue algo que solo había visto por televisión y en fotografía.

 

La organización comunitaria fue lo más importante que pude apreciar aquella mañana de 29 de octubre, cuando desde la parte alta observé al pueblo inundado, una de las primeras cosas que recuerdo haber hecho fue enviar correos electrónicos a familiares y amigos solicitando apoyo, lo impresionante para mí en aquellas primeras horas, es que la inundación pasó desapercibida por medios estatales y nacionales. ¿Villa Tapijulapa? ¿Oxolotán? me preguntaban a la distancia- ¿y dónde queda eso?

 

Logré bajar hacia donde se encuentra el mercado en Tapijulapa, y hasta donde llegó el agua. Las pocas casas de más de un piso estaban inundadas, los ríos Amatán y Oxolotán se habían salido de su cauce, sin embargo los pobladores estaban organizados y el sentido comunitario fluyó rápidamente. El camino hacia Oxolotán estaba bloqueado, ya que uno de los pequeños ríos que pasa por la carretera se había desbordado; en su última fase de construcción estaba tapado en varios tramos, con algunos derrumbes; así que la única comunicación aquella mañana con los compañeros de la Universidad era por radio. Tres días pasé con mi familia, mi esposa Mónica y mi hija Renata de 6 meses, quien se entretenía las horas jugando y gateando, hasta que tratamos de salir una tarde hacia Villahermosa, ya que nuestra despensa comprada en la Bodega Aurrera del municipio de Teapa se estaba terminando. 

 

El miércoles 31 de octubre por la tarde, cuando traté de arrancar mi automóvil hacia Villahermosa, supe que las aguas del río Grijalva estaban desbordándose en la capital; un señor me dijo con voz segura “no salga de aquí por su seguridad, no va a poder pasar de Tacotalpa”. Para ese entonces ya las aguas de los ríos Amatán y Oxolotán, habían bajado, pero el Río de la Sierra había inundado al municipio de Tacotalpa y sus comunidades asentadas a las orillas del río. 

 

Al paso de los días logré llegar hasta Palenque, en Chiapas, y posteriormente cruzar por Villahermosa para enviar a mi familia de regreso a Veracruz, de donde soy originario. Volví a Tapijulapa, y una semana después retorné a la UIET, donde me encontré con Oxolotán, que había sufrido una fuerte inundación en los márgenes del río de su mismo nombre y donde la ayuda llegó hasta una semana después de las inundaciones.

 

La parte dañada en el poblado Oxolotán que llamó mi atención era el antiguo albergue del Instituto Nacional Indigenista, situado junto al río, donde además había un pequeño museo comunitario que guardaba parte de la historia de la cultura zoque y una biblioteca. Todo lo que ahí se encontraba era ya inservible. Poco tiempo después supe que ahí funcionaron además del referido albergue, los Centros Comunitarios que la escritora Julieta Campos – esposa del gobernador Enrique González Pedrero – impulsó en los años 80 y donde la socióloga polaca Irena Majzrac trató de aplicar su método Montessori con los niños indígenas choles y zoques, en los pocos intentos que hubo por aplicar políticas educativas con enfoque comunitario.

 

La segunda semana de noviembre, profesores y estudiantes de la UIET, sacamos colchones enlodados, libros de la destruida pequeña biblioteca y del museo comunitario; todo el patrimonio que había dejado la gente del DIF tabasqueño en los años 80 estaba destruido por el agua. Libros, revistas e informes, se habían perdido, el antiguo albergue del INI. Las marcas de agua todavía son visibles en sus abandonadas ruinas, el breve legado educativo diseñado para Oxolotán y sus pueblos,se perdió para siempre, lo mismo que varios de sus puentes colgantes que mostraban el poderío del río y la vulnerabilidad de la región.

 

Conclusión

 

El poblado Oxolotán, corazón de la región histórica zoque, Villa Tapijulapa, entre otras localidades estuvieron bajo el agua en el otoño de 2007. Muchos días pasaron  para que el Ejército Mexicano llegara a aplicar el Plan DN- III, mientras toda la atención nacional e internacional estuvo sobre la capital del estado en el municipio de Centro, donde se encuentra la ciudad de Villahermosa. No se debe olvidar por lo tanto, que también hubo inundaciones y daños considerables en el municipio de Tacotalpa, de esto muy poco se supo a nivel nacional y es el motivo principal de este artículo, recordar que las regiones indígenas en México, siguen siendo vulnerables y olvidadas, a pesar de que por sus condiciones geográficas, orográficas, políticas y culturales debía no ser así.

 

Lo sucedido en el año 2007 debe colocar en la mira al diseño de políticas públicas y debe darle importancia a las políticas con perspectiva regional y local, en donde el factor identidad cultural es importante, ya que posterior a la gran inundación en Villahermosa, han venido otras en los poblados de la región de la Sierra en el año 2011 y en épocas recientes. Esta situación vuelve a poner en cuestionamiento el olvido hacia las comunidades indígenas.

En lo relativo al tema de los llamados desastres naturales, resulta importante mencionar que cuando estos suceden en regiones con población rural o denominada como indígena, la atención por parte del Estado y la reacción por parte de la llamada sociedad civil, son distintas. La respuesta hacia la catástrofe en Villahermosa en 2007 fue rápida, lo mismo la ayuda que fluyó de muchos lugares del país y del mundo, en cambio la ayuda y la atención a las comunidades indígenas de la Sierra de Tabasco en los primeros días fue nula, al paso de las semanas fue muy poca, en algunas comunidades y poblados apenas si la hubo. Es necesario por lo tanto tratar de revisar desde una perspectiva histórica el diseño de políticas públicas, el impacto que tienen en los imaginarios construidos en la población en general y revalorar a sus comunidades indígenas. 

 

 

 

[1]Se presentó de nuevo una inundación extraordinaria. Esta última, en 2007, con efectos en cerca de 1,500 localidades de las cuales 90% fueron rurales, 123 mil vivienda, 1.5 millones de damnificados (75% de la población), 73% de la red de carreteras, 570 mil hectáreas agrícolas, en total más de 3,100 millones de dólares, en comparativo el 29.31%; de la estimación del Producto Interno Bruto (PIB) del estado….” (Díaz Perera, 2013).

 

 

Referencias

 

Álvarez Gordillo, G., & Vera Cortés, G., & Ramos Muñoz, D. (2016). Vulnerabilidad y patrimonio biocultural en Tacotalpa, Tabasco. Política y Cultura, (45), 211-239. 

 

Díaz Perera (2013). El infierno verde bajo el agua: ¿Desastres en Tabasco?, 1910-2007, documento web recuperado en: http://raos-madp.blogspot.com/2013/09/el-infierno-verde-bajo-el-agua.html

 

Terreros Eladio (2014). El pasado arqueológico zoque, prospección arqueológica y levantamiento topográfico. en Mario Humberto Ruz (compilador) Tabasco serrano, miradas plurales, UNAM- IIF, Gobierno del Estado de Tabasco, México, pp. 53-91.

 

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