© Agosto - noviembre 2019

FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

  • Facebook Social Icon
  • Twitter Social Icon

Kind of blue

29 Apr 2018

 

Los aplausos eran moderados, había poco más de veinte personas en el bar aquella noche y nadie le prestaba atención particular al solitario músico que se presentaba. Comenzó interpretando Nowhere man, pensando en la soledad que le hacía sentir y se alegró al ver que en la mesa más alejada una chica susurraba por lo bajo la letra de la canción. Un mesero llevó tres cervezas a una mesa donde había tres chicos, parecían emocionados, la noche era joven para ellos. La canción cambió a Where did you sleep last night; fue una interpretación sencilla, los chicos de las cervezas aplaudieron cuando terminó.

 

Interpretó muy a su manera canciones como The man who sold the world, Yesterday, Stairway to heaven, My best friend y Asleep. Los aplausos continuaron siendo pocos, particularmente en la última canción; pensó que era la única persona a la que le gustaban The Smiths. Entre una y otra canción le gustaba dar un par de tragos a sus cerveza, entonces volvía a acariciar su guitarra y continuaba con la presentación. “No es que solo a mi me gusten The Smiths; es solo que ahora me he convertido en un viejo”, pensó.

 

Después de anunciar que se tomaría un descanso breve, salió a la calle para fumar. Apenas había encendido el cigarro cuando la chica que susurraba Nowhere man se le acercó. Tenía el cabello negro hasta los hombros, usaba una blusa blanca y holgada, unos jeans ajustados y unas botas que le agregaban un par de centímetros, casi no se dio cuenta cuando le pidió un cigarro.

 

Es muy interesante la forma en que interpretas las canciones; el conjunto de ellas quiero decir. – exhaló lentamente y agregó mirando hacia el cielo – Es como si con cada una de ellas estuvieras contando tu vida.

 

No sabía que contestar, nunca había pensado en la lista de canciones que interpretaba de aquella forma, siempre le habían parecido una mezcla variada e interesante, aunque si lo pensaba bien…

 

Y ¿por qué fumas eh? ¿no se supone que cuides tu voz por ser cantante y todo eso? ¿Qué canciones interpretarás después?

 

Estaba pensando en Somebody to love, Let it be o Don´t let me down, aunque también quisiera tocar Kind of blue, pero no sé si hoy sea una buena idea.

 

¿Eso significa que tocas el sax? Por lo menos no pensaste en Norwegian Wood. – Rió entonces antes de dejarlo hablar.

 

Lo hago de vez en cuando, pero no le veo la gracia a Norwegian Wood.

 

Olvídalo. Como sea, te estaré esperando cuando termines de tocar. Me gustaría conocerte mejor. Ah, y espero que puedas tocar Kind of blue.

 

Se marchó tan rápido como había llegado, él la vio entrar y se quedó sólo lo suficiente para fumar un segundo cigarro. Cuando entró, vio a la chica sonriente en la misma mesa solitaria y alejada del escenario; los chicos de las cervezas (sus más entusiastas espectadores de aquella noche) se habían marchado.

 

Subió al escenario y antes de tocar dio un sorbo a su bebida, al final se decidió por Stand by me. Hubo una recepción cálida comparada con las anteriores canciones, a continuación tocó Don´t let me down y creyó comprender lo que la chica le había tratado de decir. Cuando comenzó a tocar Norwegian Wood alzó la vista en dirección a ella y vio que tenía en su rostro una sonrisa de complicidad. Cantó entonces con todas sus fuerzas, supo que no se iría a mitad de la noche, que esperaría hasta el amanecer. Terminó de cantar y los tristes aplausos perecieron, agradeció y avisó que esa había sido la última canción en guitarra.

 

Más de un curioso hizo ademán por levantarse y adivinar qué instrumento iría a tocar a continuación. Nadie encontró el viejo saxofón desgastado como algo extraordinario, pero de un momento a otro Almost Blue había tomado el ambiente del lugar entero. Aquella canción le pareció adecuada para comenzar y creyó que ella así lo entendía, pues se mecía lentamente mientras él acariciaba su instrumento. La pieza era lenta y suave, evocaba a lo romántico y más de uno estaba disfrutando escucharla, el ambiente era íntimo y no se vio roto sino hasta que la pieza hubo terminado.

 

¿Por qué te gusta tanto el sax? – alguien le preguntó en un pasado lejano que pocas veces recordaba.

 

Me parece algo íntimo, romántico ¿sabes? Me gusta la idea de que por la boca sale el alma y no me imagino una mejor forma de perder la vida que con un dulce sonido como este. – Tocó un fragmento de Alone together –Me gusta la idea de morir escuchando esto, algo así como La petite mort

 

El recibimiento fue cálido. Había creído que a nadie en estos tiempos le gustaba el blues, pero esperaba haberse equivocado. Tomó cerveza, se permitió encender un cigarro y tras fumar un par de veces, comenzó con Kind of blue.

 

De pronto todos desaparecieron, se encontraba solo en una oscuridad total. Tocaba con todas sus fuerzas y escuchaba al mismo tiempo la pieza; era intérprete y espectador de aquella obra magna que tanto amaba. La petite mort, recordaba para sus adentros, pequeñas muertes producidas por el momento cumbre de la excitación, en otras palabras, un orgasmo. Continuó acariciando el saxofón y sumergido en la penumbra, iluminado apenas por un pequeño rayo en la lejanía. Pareció una eternidad y que aquella pieza no tendría fin. Una mujer apareció a su lado y comenzó a moverse lentamente, tenía gracia para bailar, pero no podía distinguir su rostro. Creyó que era la chica de Nowhere man, pero tal vez se trataba de alguien más, no podía estar seguro.

 

Se acercó para rodearlo con sus brazos, él de rodillas continuaba tocando. Su cabeza se encontraba a la altura del vientre de ella y unas gruesas lágrimas brotaban de sus ojos. La mujer se esfumó antes de que la pieza terminara, tomó aire, entonó la última nota y se convirtió en música…

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Síguenos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
Please reload