© Agosto - noviembre 2019

FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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Algunas pistas para la ubicación de la Isla Bermeja en el Golfo de México: L’isola che non c’è

 

 

La importancia de la Isla Bermeja[1] radica en su posición respecto de los límites marítimos territoriales que corresponderían a México según los tratados internacionales definidos para el Golfo de México y para la explotación de hidrocarburos en aguas profundas (Tratado sobre Límites Marítimos entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América, 1978; Tratado entre el gobierno de los Estados Unidos Mexicanos y el gobierno de los Estados Unidos de América sobre la delimitacion de la plataforma continental en la region occidental del Golfo de Mexico más allá de las 200 millas náuticas, 2001; Agreement between the United States of America and the United Mexican States Concerning Transboundary Hydrocarbon Reservoirs in the Gulf of Mexico, 2012; Conchello, 1998). De encontrarse indicios de dicha isla, los límites territoriales de México dentro del Golfo de México crecerían alrededor de 200 millas náuticas a partir de la isla. Al aumentar los límites territoriales mexicanos en el Golfo de México, se potenciaría el beneficio de la exploración y la explotación de aguas profundas en el marco de la denominada Reforma Energética.

 

El 23 de junio del 2009, la UNAM entregó el Informe de la Expedición Científica de la Isla Bermeja a la Comisión de Marina de la Cámara de Diputados. El informe concluye que la Isla Bermeja en el Golfo de México no existe en la ubicación señalada por algunos atlas históricos desarrollados para el país, cuyas coordenadas se marcan como 22° 33’ Norte y 91° 22’ Oeste. No obstante, el informe también indica que a partir del estudio “geohistórico y cartográfico realizado […] [se cuenta con] evidencia suficiente para sugerir la existencia real de la isla como una entidad distinta de Cayo Arenas y de otras islas de la región” (UNAM, 2009).

 

Según un Boletín de la Dirección Social de Comunicación de la UNAM, la batimetría de la zona, hasta los 1472 metros de profundidad, indica que la isla no existe y “[…] que tampoco se encontraron vestigios marinos o inferencias de su posible ubicación […]” (UNAM, 2009). El área de prospección aérea abarcó alrededor de 10,488 km2 y además se tomaron fotografías en una zona de 454 km2, es decir, se realizaron vuelos aéreos en un radio de hasta 58 km a partir de las coordenadas apuntadas arriba, sin encontrar rastros de la isla.

 

Las primeras referencias a la isla aparecieron en diarios de viajeros, posteriormente ésta se dibujó en diferentes mapas de los siglos XVI al XIX (Antochiw, 2009). En la actualidad, en la página web de la compañía TravelJournals.net, se hace mención a un “Islote Bermejo” en las mismas coordenadas donde buscó la UNAM y que, según la batimetría satelital desarrollada por Sandwell y Smith (2009), Sandwell et al. (2001) y Becker et al. (2009), disponible en la página de The Satellite Geodesy research group, indica una profundidad de 1340 metros.

 

Como seguimiento al reporte de la UNAM y otras exploraciones (Antochiw, 2009), y considerando que el patrimonio del país está en juego,[2] el Laboratorio de Sistemas de Información Geográfica (LSIG) del CIESAS-Ciudad de México decidió realizar una búsqueda alternativa. Para ello se tomó como punto de partida una prominencia topográfica en el Golfo de México asociada con la escurridiza Isla Bermeja, cuyas coordenadas históricas la sitúan en 22° 33’ Norte y 91° 22’ Oeste. Dado que las coordenadas provienen de información del siglo XIX y no pueden relacionarse automáticamente con las coordenadas usadas en la actualidad, se aplicó un método sencillo de georreferencia de mapas antiguos, en el que la isla Bermeja fue mapeada, con cartografía que hace uso del dátum que más se utiliza en la actualidad: el World Geodetic System (WGS) de 1984 (ver Rumsey y Williams, 2002 e Hinojosa, 2009). Aunado a este ejercicio, se diseñó un Sistema de Información Geográfica (SIG) para buscar otras elevaciones en el borde de la plataforma continental de la Península de Yucatán vecinas a la ubicación de la isla.

 

Antecedentes históricos

 

Según Michel André Antochiw Kolpa, en 1536 se habló por vez primera de la isla Bermeja, pero curiosamente no se mencionaron las formaciones de “Negrillos” que, según él, siempre acompañaban a la Bermeja: “esta es una isleta pequeña y que de lejos bermejéa” (Alonso de Chávez en Antochiw 2009: 198). Años más tarde, Juan de Escalante y Mendoza mencionaría las formaciones de Negrillos y Alacranes pero no a la Bermeja, que se convierten, junto con otras formaciones, en simples “isletas” (Antochiw 2009: 199). Posteriormente, Andrés García Céspedes, posiblemente con la información de Chávez y de Escalante, prefiere “apartarse de los bajos que llaman los Negrillos e isla Bermeja” (Antochiw 2009: 199), sin hacer explícito haberlos visto. André indica que desde mediados del siglo XVI, con la información pionera disponible, comienzan a producirse mapas que muestran la información de las islas a manera de copias, sin corroborarla (Antochiw 2009: 204).

 

En el año de 1775 se designó una comisión exploratoria, a cargo de Miguel de Alderete y Andrés de Valderrama, para identificar y corroborar la existencia de las algunas islas caribeñas (Antochiw 2009: 214). En el Derrotero de las Islas Antillas, de las costas de Tierra Firme y de las del Seno Mexicano, así como en The Colombian Navigator, se dice que la Bermeja está ubicada, según la información de Aldereté y Valderrama, al norte y al oeste de Cayo Arenas, y aunque en realidad Aldereté y Valderrama nunca la vieron, se sugiere que Cayo Arenas y la Bermeja son lo mismo, lo que agrega incertidumbre a la localización de una isla identificada como entidad independiente de Cayo Arenas.

 

Por otro lado, cuando se habla sobre los Negrillos, además de los relatos confusos, ya se mencionan problemas relacionados con la cartografía, en la que se toma como meridiano de origen Cádiz,[3] y se observa una desviación de hasta de 4 millas (Derrotero…,1810: 388). A pesar de corroborar la inexistencia de los Negrillos, Aldereté y Valderrama se guiaron por un relato recogido por Tomás Ugarte en Veracruz, de un marinero experimentado que asegura que por no cruzar los Negrillos de noche, el capitán del pequeño bergantín en el que viajaban hizo navegar al noroeste entre 30 y 40 millas. Al amanecer se encontraron metidos en un canal formado por dos bajos que el capitán del bergantín llamó “el Negrillo”. Con base en esta información, Ciriaco Cevallos remitió a la Dirección de Hidrografía para elaborar el Derrotero… el proceso e información de Domingo Casals, quien al parecer vio al Negrillo en 1806, al que describió como una piedra que lava el agua de no más de un cuarto de cable de largo (50 metros aproximadamente). Años antes, en 1768, Juan Antonio de la Colina reportó en su diario una serie de formaciones de piedra y arena que recorrió desde Alacranes y hacia el Este hasta la latitud 24°. Entre otras, llama Negrillo a una formación de piedras negras con manchas de arena (Derrotero…,1810: 389). La Dirección de Hidrografía consideró ambigua esta información y concluyó que había “baxos fondos por de contado muy poco explorados, y muy arriesgados á la navegación” (Derrotero…,1810:390).

 

Como podemos ver, la información sobre la Bermeja y Negrillos refiere avistamientos casuales e incluso imprevistos hechos durante la exploración de rutas de navegación entre Cuba y la península de Yucatán; pero cuando se trata de confirmar la ubicación geográfica de ciertos islotes es difícil encontrarlos, si no es que imposible. Ya sea por el tamaño de los islotes buscados, así como por los procesos geomorfológicos a que están expuestos, es posible que en 300 años de exploración se transformaran algunos elementos del paisaje. Además, no olvidemos que las condiciones de navegación de los siglos XVIII y XIX eran diferentes a las actuales, sin GPS ni radares. Se daba un proceso continuo de producción cartográfica sin satélites ni fotografía aérea, además de que había imprecisiones entre los sistemas de coordenadas.

 

Geomorfología

 

En general, todos los avistamientos de los islotes se realizaron en una franja que hoy en día podemos reconocer como arrecifes emergidos o construcciones de coral-algas sobre el margen continental de Campeche y Yucatán. Según Mendoza y Ortiz (2000), la plataforma continental presenta tres superficies de nivelación o terrazas localizadas entre 134 y 29 metros, con una profundidad constante y asociadas a organismos bentónicos de aguas someras, ooides, abundantes restos de fragmentos líticos y algunos fósiles, que podrían ser antiguas líneas de costa desarrolladas durante detenciones en las fluctuaciones del nivel del mar en el cuaternario (Mendoza y Ortiz, 2000: 18).

 

La plataforma continental no rodeada interna es la porción de planicie sumergida marcada por elevaciones arrecifales a aproximadamente 50 metros de profundidad. Las rocas que la conforman son margas, calizas autigénicas y biogénicas de la Formación Carrillo Puerto, con una superficie de nivelación entre 35 y 50 metros. La plataforma carbonatada no rodeada interna se caracteriza porque hay una precipitación química de carbonato de calcio y la deposición de fragmentos de organismos de esqueleto rígido del mineral, por lo que se compone de espículas de briozoarios, pelecípodos, gasterópodos y foraminíferos. La textura de estos sedimentos varía de arena media a fina. Hacia la porción oriental de esta unidad, en los alrededores del Complejo Arrecifal conocido como Arrecife Alacrán, se encuentran grandes depresiones cerradas de origen kárstico, así como bancos arrecifales abundantes que ocupan una superficie de 300km2 y que se extienden desde Arrecife Alacrán hasta el límite noreste de la Plataforma de Yucatán. También podemos encontrar islas coralinas sobre la plataforma, llamadas arrecifes emergidos, que en ocasiones rompen el espejo de agua y ocupan una superficie menor de 1km2.

 

SIG y mapas históricos. La búsqueda de la Bermeja

 

Con el fin de obtener datos sobre la isla desaparecida, el primer ejercicio consistió en una revisión preliminar de las islas mexicanas que reporta el INEGI (2009) y su identificación en dos mapas históricos: 1) uno atribuido a Robert Sayer y John Bennett de 1776, y 2) otro de Thomas Pownall de 1786. El primer mapa representa el Golfo de México y el Caribe, mientras que el segundo presenta gran parte de América del Norte. Posteriormente, con ayuda del software ArcGIS y Google Earth, se hizo un reconocimiento inicial del área para identificar algunas elevaciones cercanas a la ubicación donde, según los mapas históricos, estaría la “Vermeja”, que es como aparece escrito el nombre de la isla en estos mapas.

 

En esta “prospección” inicial se identificó una elevación marina al Noroeste de las coordenadas exploradas por la UNAM. Esta elevación se encuentra en las coordenadas 22° 42'30.41" Norte y 91° 7'43.40" Oeste, y su cima está a una profundidad de 239 metros. De igual forma, llamó la atención otra elevación marina cuya cumbre se encuentra a 30 metros de profundidad, ubicada al Oeste de estas coordenadas. Este punto puede corresponder a un islote que aparece en los mapas históricos utilizados en el ejercicio, denominado “los Negrillos”. Lo que llama la atención de ambas elevaciones batimétricas es que pasaron desapercibidas en el estudio de la UNAM, a pesar de estar incluidas en el área donde realizaron sus exploraciones.

 

Después de realizar la prospección inicial se vaciaron los datos en ArcGIS y se construyó un pequeño sistema para identificar diferentes altitudes marinas que pudieran ser restos de antiguos cayos o islotes. El Sistema de Información Geográfica (SIG) se compone de los mapas históricos referidos anteriormente (Pownall, 1786; Sayer & Bennett, 1776) y el de Arrowsmith (1832), algunas fotografías satelitales del sitio Visible Earth de la NASA, datos de las islas reportados por el INEGI, así como la batimetría satelital que desarrollaron Sandwell y Smith (2009), Sandwell et al. (2001) y Becker et al. (2009), con base en la información de los satélites Tepex/Poseidon, GeoSat y ERS, disponible en la página de The Satellite Geodesy research group. Los mapas históricos se georreferenciaron con base en elementos que pudieron identificarse tanto en los mapas modernos como en los antiguos. De igual forma, se georreferenciaron las fotografías satelitales de la NASA con el fin de observar si existe alguna firma espectral que se pueda observar en diversas imágenes y que corresponda con las coordenadas de las elevaciones marinas que quizá indiquen la presencia de alguna isla erosionada.

 

Con base en el SIG, se realizó un segundo ejercicio de prospección correlacionando los valores batimétricos con la base de datos desarrollada a partir de los datos del INEGI, los obtenidos en Google Earth y, por supuesto, los datos obtenidos de la georreferencia de mapas históricos. Los datos de la batimetría fueron filtrados para observar diferentes variaciones del relieve marino a diferentes profundidades y se crearon cinco rangos de profundidades.

 

La primera identificación de posibles islas sumergidas se hizo al buscar todos los casos donde existían elevaciones marinas con profundidades entre 0 a 25 metros; se encontraron 9 puntos que cumplen con dicha condición. Se identificaron aquellas elevaciones marinas que se encontraran entre los 25 y 50 metros de profundidad, y se ubicaron dos áreas que presentan prominencias en este rango. También se realizó un experimento con el que se buscaron elevaciones marinas entre 50 y 100 metros de profundidad, y se localizaron 3 puntos. En un último experimento se encontraron 3 puntos más en donde las elevaciones del fondo marino se ubican entre los 100 y los 250 metros de profundidad (véase tabla 1 y mapa 1). Se decidió no buscar elevaciones marinas por debajo de los 250 metros de profundidad, ya que a partir de este punto la profundidad aumenta rápidamente hasta llegar a la planicie abisal del Golfo de México, con profundidades que superan los 3,500 metros. En la siguiente tabla se muestran las coordenadas de los puntos más altos para cada elevación encontrada según el rango de profundidad.

 

 

Tabla 1. Coordenadas (dátum WGS84) y profundidad aproximada (metros bajo el nivel del mar) de los puntos que se muestran en el mapa

 

Las denominadas “Islas sumergidas” corresponden con puntos que por su poca profundidad podrían haber sido islas o cayos en el pasado, pero se desconoce si tuvieron algún nombre. “Posible Negrillos” son elevaciones que por su profundidad y ubicación podrían corresponder a lo que se denominaba “los Negrillos”, un banco de arena al que todavía a mediados del siglo XIX se trataba de localizar (Purdy, 1823). Finalmente, en la siguiente imagen, “Posible Bermeja” (-) son ubicaciones de elevaciones que, según las coordenadas o profundidad, podrían corresponder con la isla Bermeja, aunque “Posible Bermeja” (+) es lo que se considera la opción más factible.

 

Mapa 1. Ubicación de las elevaciones encontradas debajo del nivel del mar con menos de 250 metros de profundidad y que se localizan antes de la planicie abisal del Golfo de México al norte de la Península de Yucatán. 

 

Según la tabla y el mapa, se observan varias elevaciones en la franja norte de la Plataforma Continental que podrían ser indicios de antiguos islotes. El punto señalado en la tabla como “Posible Bermeja (+)”, se encuentra al norte de Cayo Arenas en el mismo rumbo donde estaría ubicada la Isla Bermeja, según las fuentes históricas (Méndez, 2009). La elevación de la batimetría indica que hay un montículo a tan sólo 35 metros de profundidad que, en efecto, podría corresponder con la “isla perdida”. De igual forma, cabe notar la baja profundidad que hay en los puntos nombrados en la tabla como “Posible Negrillos”, ya que podría corresponder con un islote que aparece al Este de la Bermeja y al Norte de Alacranes (hoy Arrecife Alacrán) en los mapas consultados, y que es nombrado como Negrillos.[4]

 

Al considerar los errores emanados por las diferencias entre las proyecciones antiguas y las modernas, puede pensarse que la Isla Bermeja se ubica más al Sur de lo que originalmente se pensaba. Si el error se debe al sistema de coordenadas, entonces también se explicaría que las elevaciones marinas denominadas en la tabla como “Posibles Negrillos” estén más al Sur de lo que los mapas históricos marcan para el islote de “Los Negrillos”.

 

A pesar de las posibles diferencias entre los sistemas de coordenadas de los mapas antiguos y los modernos, la ubicación de las elevaciones detectadas en este trabajo coincide con los rumbos que dictan los mapas históricos en donde aparecen la Isla Bermeja y Los Negrillos. Dicho de otro modo, lo que aquí se denominó “Posible Bermeja (+)”, ubicada al Norte de Cayo Arenas, podría corresponder con la ubicación de los restos de la Isla Bermeja histórica en tanto que la elevación se ubica en el mismo rumbo de la “Isla Arenas”. Además, según los mapas donde aparece la isla que hoy está aparentemente perdida, estaría al Oeste de los Negrillos y al Noroeste de los Alacranes. Si hacemos una triangulación sencilla marcando los rumbos, la elevación encontrada y denominada “Posible Bermeja (+)” se ubica precisamente al Noroeste de lo que actualmente se denomina Arrecife Alacranes, al Norte de Cayo Arenas y al Oeste de las elevaciones que aquí se denominan “Posible Negrillos”. Es decir, si hacemos corresponder los nombres antiguos de los islotes con los que tienen la islas reportadas por el INEGI, la elevación “Posible Bermeja (+)” podría ser, de hecho, la Isla Bermeja. De la misma forma, los puntos que aquí se llamaron como “Posible Negrillos”, localizados al Norte de Arrecife Alacranes, al Este de la “Posible Bermeja (+)” y al Noreste de Cayo Arenas, puede ser que, en efecto, también correspondan con la ubicación donde están señalados los Negrillos en los mapas históricos.

 

 

Consideraciones finales

 

De acuerdo con la UNAM, hasta el momento no ha sido posible localizar la Isla Bermeja en las coordenadas donde se supondría que debería estar. Sin embargo, incluso los mapas más precisos elaborados antes del uso de aviones y satélites contienen información no necesariamente correcta o que no puede ser correlacionada de forma automática y directa con la información actual. El hecho de no encontrar la isla donde según los mapas antiguos debería estar no implica que no exista. Lo recomendable sería buscar otras elevaciones que correspondan con lo que se identificó como Bermeja y Negrillos en el pasado.

 

No es una casualidad que en este ejercicio exploratorio se hayan localizado al menos 18 elevaciones que podrían corresponder con la isla Bermeja o Negrillos. Desde hace aproximadamente dos siglos, diversos navegantes han tratado de localizar las dos formaciones con resultados poco favorables. A partir de un ejercicio inductivo como arqueólogo, he correlacionado datos de una forma que me permite suponer, con un grado de certeza amplio, que la isla Bermeja y el banco de arena Negrillos son en realidad diferentes elevaciones encontradas en diversos momentos por distintos navegantes, los cuales fueron guiados por los informes de otros navegantes que registraron elevaciones de la plataforma continental no rodeada interna. Ora por las fluctuaciones de la marea, ora por la erosión de las corrientes marinas o incluso por la naturaleza misma de las formaciones geológicas, es muy probable que tanto la Bermeja como Negrillos correspondan con avistamientos relativamente fortuitos de arrecifes emergidos o construcciones de coral-algas sobre el margen continental (ver Mendoza y Ortiz, 2000).

 

Conclusiones

 

Se espera que el presente estudio batimétrico, realizado desde el Laboratorio SIG CIESAS Ciudad de México, tenga un uso práctico en el futuro, pues las elevaciones marinas que se encuentran entre los rangos de cero a 50 metros de profundidad, y que están lejos de los Complejos Arrecifales, podrían utilizarse como bases de navegación, faros o incluso como nodos portuarios de acceso al Golfo de México. Esto podría servir para ubicar plataformas petroleras que sean usadas como puntos de apoyo logístico en la futura explotación de petróleo en el Golfo de México. Por otro lado, considerando que el petróleo es un recurso no renovable y dada la poca profundidad de la Plataforma Continental de Campeche y Yucatán, podrían instalarse generadores eólicos de energía eléctrica a los que se les dé mantenimiento desde las plataformas o puertos-islas que llegasen a construirse. De este modo se proveería energía eléctrica a la Península de Yucatán sin afectar a los propietarios de las tierras.

 

Quizá la isla que “bermejea” nunca existió o corresponde con una formación de algas y coral, pero no por ello debemos conformarnos con la idea de que no existe. La exploración marítima, la escasez de tierra y los avances tecnológicos han permitido a países como Japón o los Emiratos Árabes Unidos construir complejos hoteleros, residenciales y de servicio en el mar, crear aeropuertos o incluso islas con formas de palmeras. En Holanda, la técnica casi milenaria de los pólders ha permitido ganar tierra al mar en proporciones tan grandes como Flavopolder, con 970km2, que representa prácticamente dos terceras partes de la superficie de la Ciudad de México. Por cierto, en esta entidad se fundó la ciudad de México-Tenochtitlan-Tlatelolco, construida casi en su totalidad sobre islotes artificiales denominados chinampas, técnica milenaria que precede al menos mil años a los pólders (The Province of Flevoland; Aeropuerto Internacional de Kansai; Artificical island; Bates, 2010; Hinojosa, 2009).

 

El potencial que tiene la plataforma continental de Campeche y Yucatán, más allá de la panacea petrolera, es infinito. Con un cuidado inteligente y a largo plazo del medio ambiente, de la flora y la fauna, apegado a un estricto control jurídico internacional[5] e histórico[6], se podría aprovechar de mil formas, aunque la Bermeja, en efecto, haya desaparecido.

 

 

Agradecimientos

 

Este artículo no hubiera sido posible sin las sugerencias de forma y contenido del Dr. Gerardo Gutiérrez Mendoza. También agradezco a la Coordinadora del LSIG CIESAS Ciudad de México, Dra. Patricia Torres Mejía, por alentarme a realizar esta investigación y por sus correcciones de estilo. Finalmente, agradezco a la Mtra. Giorgia Marchiori por sus comentarios y la revisión final del texto.

 

 

[1]   Según el mapa México de John Arrowsmith de 1832 y el mapa West Indies de Robert Sayer y John Bennet de 1776.

 

[2]   Véase Moussavi & Aghaei, 2013.

 

[3]   Véase Menefee, 1994.

 

[4]   Existían otros meridianos de origen a principios del siglo XIX, como el de Tenerife (ver Francisco de Blas, 1692) o Madrid (ver de Miñano, 1827).

 

[5]   Conocida así porque cuando se le veía parecía de un color rojizo (Méndez, 2009)

 

[6]   En casos extremos, las teorías conspirativas apuntan a una destrucción deliberada de la isla (Pueblahoy/RNW, 2009).

 

 

Referencias

 

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UNAM, 2009, “Concluye la unam que no existe la Isla Bermeja en la ubicación señalada” en Boletín de la Dirección Social de Comunicación de la UNAM, Boletín UNAM-DGCS-374, 23 de julio, UNAM, Ciudad Universitaria, 2009. Disponible en: http://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2009_374.html

 

 

 

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