© Agosto - noviembre 2019

FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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El Monumento 1 de Estero Rabón

Espacio y antecedentes

 

Dentro de los múltiples sitios arqueológicos que cuentan con representaciones que concuerdan con los cánones artísticos de la cultura olmeca, se encuentra Estero Rabón, un asentamiento antiguo ubicado en la comunidad de San Isidro en el municipio de Sayula de Alemán, Veracruz, que está inmerso en la cuenca hidrológica del río Coatzacoalcos, uno de los principales afluentes relacionados con el desarrollo de la cultura olmeca (Figura. 1).

 

Figura 1. Ubicación de Estero Rabón. Elaborado por Ariel Texis a partir de Lidar-INEGI. 

 

Los reportes de este lugar dan inicio en la década de los sesenta cuando Medellín observó cinco monumentos con estilo olmeca (Medellín, 1960: 75-76). En aquél entonces, Medellín afirmaba que dichos monumentos prehispánicos pertenecían a una época posterior, aproximadamente 2500 a 2000 años después, dentro del lapso temporal que él llamaba “fase tardía del Horizonte Clásico” que abarcaba del 600 al 900 d.C.

 

Esto lo expresó en dos de sus obras más relevantes sobre la escultura la olmeca: “Monumentos inéditos olmecas” de 1960 y en el Volumen 5 de Corpus Antiquitatum Americanensium: Mexico, titulado “Monumentos olmeca y otros en el Museo de Antropología de la Universidad Veracruzana”, publicado en 1971. En estos dos escritos explica que diversas esculturas olmecas, estuvieron relacionadas con materiales del Clásico Tardío, principalmente el Naranja Fino o que también ha sido definido como Campamento anaranjado fino, que agrega otros colores pertenecientes a la misma pasta (Coe y Diehl, 1980; Symonds, Cyphers y Lunagomez, 2002). Así, se repitió esta situación en las exploraciones que reportó en sitios como Cuatotolapan, Cruz del Milagro, San Lorenzo, Laguna de los Cerros, San Martín Pajapan, Llano del Jícaro, Arroyo Pesquero y otros dispersos a los alrededores de San Lorenzo.

 

Sin embargo, hoy en día sabemos que, en general, los sitios arqueológicos con escultura olmeca, por lo menos los que se encuentran inmersos en las cuencas hidrológicas del río San Juan y Coatzacoalcos, cuentan con dos ocupaciones: la primera correspondiente al Preclásico y la segunda al Clásico, esta última superpuesta sobre la primera (Symonds, Cyphers y Lunagomez, 2002; Cyphers, 2018). Esto explica que encontremos esculturas olmecas, con relación a materiales cerámicos y arquitectura más tardía.

 

En 1968, a Manuel Torres Guzmán del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana, le comisionan la supervisión de unas obras de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en las poblaciones de Barragantitlán y Paso Nuevo, además de una inspección a cuatro esculturas reportadas en San Isidro (Estero Rabón). Esta comisión la abordaremos más adelante.

 

Posteriormente, Beverido (1974:51) reporta de nuevo los monumentos 2 y 3 del sitio, que Medellín (1960: 75) habría mencionado y agrega una ilustración del Monumento no. 4 acompañada de una breve comparación con algunos monumentos de San Lorenzo.

 

El primer trabajo sistemático en el sitio se ve reflejado en la tesis de licenciatura de Gómez (1996), dentro de un reconocimiento regional de superficie encabezado por Yadeun, que consistió en inspecciones individuales de sitios donde se había detectado arquitectura monumental. Aquí, pudo detectar que la arquitectura de superficie pertenece al Clásico Tardío / Terminal (900-1100 d.C,) como se había observado en sitios de la zona nuclear olmeca, aunque no descarta que los monumentos escultóricos son más antiguos. Más tarde, Borstein también realiza un recorrido a escala regional, pero incluyó la cobertura total del terreno, y pasó por Estero Rabón (Borstein 2001). Observó materiales que van de 1200 al 400 a.C, en la primera ocupación y del 200-1000/1100 d.C. en la segunda ocupación.

 

La última investigación sistemática en el sitio, la dirigió Hirokazu Kotegawa a través del Proyecto Arqueológico Estero Rabón cuyos objetivos son dilucidar la vida cotidiana de la sociedad olmeca en este sitio (Kotegawa, 2012). Cabe mencionar que con tres temporadas de campo se han desprendido otras investigaciones a nivel licenciatura de este proyecto.

 

La comisión de Manuel Torres en 1968

 

Después del reporte de Medellín (1960) en la década de los sesenta, Manuel Torres junto a Mario Pelayo tuvo una comisión dirigida a la comunidad de San Isidro. De esta comisión solo existe un informe de actividades albergado en el Archivo Técnico del Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana. Dicho escrito lleva por título “Informe de la comisión a las comunidades de San Isidro, municipio de Sayula, Ver., Barragantitlán y Paso Nuevo del municipio de Ixhuatlán del Sureste, Ver.”, con fecha del 20 de marzo del año 1968.

 

La comisión en el Sur de Veracruz que duró 4 días tuvo dos objetivos principales: 1) registrar 4 monumentos escultóricos que se encontraban en San Isidro (Estero Rabón), y, 2) inspeccionar los trabajos de la Comisión Federal de Electricidad en Barragantitlán y Paso Nuevo, ya que habían tenido aviso que “en los trabajos que realiza para cimentar las torres de conducción, estaba destruyendo una zona arqueológica” (Torres, 1968: 1).

 

La inspección en Barragantitlán y Paso Nuevo, mostró que el sitio no estaba siendo destruido. De este modo, concluye que los avisos de destrucción que recibieron “resultaron falsos; puesto que el material arqueológico del que se habló sólo consiste en fragmentos de cerámica y figurillas incompletas, que aparecen en dichos trabajos, sin que estos toquen zona arqueológica alguna.” (Torres, 1968:1-2). Aunque al aparecer aquel asentamiento prehispánico si presentaba alteraciones modernas y un nivel “moderado” de destrucción por parte de CFE; en ese momento lo que parecía indispensable era que la arquitectura visible en superficie no fuera dañada, por esto calificó los rumores de destrucción como falsos.

 

Por otro lado, los resultados en el registro de los monumentos de San Isidro, menciona que pudo observar cuatro, de los cuales muestra fotografías y agrega medidas de altura y diámetro. Los cuatro monumentos que reporta corresponden a algunos que Medellín (1960), Beverido (1974), De la Fuente (1973) y Cyphers (2004) presentaron y/o clasificaron. El monumento 1, si bien Medellín lo describió (1960), no mostró una fotografía; por lo tanto, uno de los puntos más valiosos del informe de Torres (1968), es que adjunta una fotografía de dicha escultura y nos da la posibilidad de agregar una fotografía al corpus escultórico del sitio. En una edición reciente de Escultura Olmeca de San Lorenzo Tenochtitlán (2018), Cyphers actualiza la información referente al Monumento 1 de Estero Rabón con base al informe de Torres.

 

 

El Monumento núm. 1

 

Lamentablemente, el Monumento 1 fue removido de la comunidad y no se tiene registro de su ubicación actual. Es por ello, que nos limitamos a trabajar con dos fotos que Torres (1968) presentó en su informe: una de la cara frontal y otra corresponde al perfil derecho de la escultura (Figura. 2).

 

Figura 2. a. Frente del Monumento 1 de Estero Rabón; b. Perfil derecho del Monumento 1 de Estero Rabón; c. Monumento albergado en el Museo Amparo. [a. y b. tomados de Manuel Torres (1968). Informe de la comisión a las comunidades de San Isidro, municipio de Sayula, Ver. Barragantitlán y Paso Nuevo del municipio de Ixhuatlán del Sureste, Ver. Informe entregado al Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana.; c. tomada de Escalante (s.f.)]

 

Como se mencionó líneas arriba, en “Monumentos inéditos olmecas”, Medellín (1960) describe cinco monumentos de Estero Rabón, no obstante, solo ilustra el no. 5 con una fotografía, pero si describe someramente el resto. Entre estos se encuentra el Monumento no. 1 que describe como “cabeza y fragmentos de torso de un personaje masculino, de 0.90 m. de altura, en mal estado de preservación. Su estilo es típicamente olmeca” (Medellín, 1960; 75). La descripción de Medellín, aunque insustancial, coincide con el monumento que nos ocupa, sin embargo, menciona que mide 0.90 m. de alto y en contraparte, Torres apunta que su altura es de 0.80 m. Es importante remarcar esta inconsistencia en los dos datos de la altura de este monolito porque esto podría suponer que se trata de dos esculturas distintas, sin embargo, probablemente responda a una confusión o un error editorial y aunque afinar la causa de este traspié resulte muy difícil o imposible, nos aparece que es el mismo monumento al que refieren las dos fuentes.

 

La figura que nos ocupa es un busto que representa a una figura en transformación,[1] en él, se observa el torso aparentemente liso, sin brazos y conserva la cabeza. Al parecer tiene restos de colmillos en la boca, las cejas, nariz y labios prominentes, los ojos alargados y en forma de L con medios óvalos como iris. Además, porta orejeras y la derecha muestra tres líneas horizontales que crean divisiones dentro de la misma. También, en la cabeza carga un tocado muy peculiar que sube por la parte trasera de las orejeras y después continúa al frente siguiendo el eje frontal y dejando libre las zonas parietales, es decir, visto de perfil crea una apariencia parecida al peinado del famoso cantante Elvis Presley, “mohicano” o a un individuo con entradas profundas en el cabello. En la porción superior derecha, sobre el tocado, se observa una perforación.

 

Por supuesto, no existe un contexto de este monumento, sin embargo, en el museo Amparo en la ciudad de Puebla se exhibe una pieza que tiene algunas correspondencias iconográficas. Se observan los colmillos en la boca, las cejas, nariz y labios prominentes, y los ojos alargados en forma de L aunque no se distingue la presencia de iris (Figura. 2).  A esto se agregan las orejeras, donde la derecha también comparte las tres líneas horizontales que crean las divisiones para crear cuatro espacios. Presenta el mismo tocado, sin embargo, el torso es más corto que el monumento 1 de Estero Rabón. Se observa la misma perforación en el tocado que lleva el monumento 1 de Estero Rabón.

 

Por otro lado, hay que apuntar que la bifurcación de los colmillos del monumento del museo Amparo, está muy marcada, al punto que la suavidad en la curva los presenta redondeados y casi completan 180° en la trayectoria de su giro, es decir, la punta de los mimos casi alcanza la altura del su propio arranque. En contraparte, los colmillos del el Monumento 1 de Estero Rabón, aunque es difícil distinguirlos claramente, presentan un patrón más “tradicional” en la bifurcación y suavidad o redondeado en el giro. Aunado a esto, el monolito del museo presenta un rostro con más naturalidad, en cambio el de Estero Rabón se exhibe más rígido.

 

Escalante (s.f: 1) opina que la escultura de Puebla indudablemente representa un producto de la Costa del Golfo, ya que a su parecer cumple con las características formales propias de la escuela escultórica que engendró las cabezas colosales. En este sentido, crea un marco comparativo entre dicho monumento y el conocido como “El Negro” de Tres Zapotes (Figura. 3). Además, menciona que la franja que corre en la cabeza o tocado es similar al de algunas cabezas colosales, probablemente se refiere a los tocados del monumento 1 de La Venta y el monumento 1 de San Lorenzo. Esta situación provoca incongruencias cronológicas debido a que, de ser así, es un monumento que comparte características con otros de tres subperiodos distintos que suceden a lo largo de 1500 años aproximadamente.

 

Figura 3. Monumento F de Tres Zapotes, "El Negro". Tomado de Archivo Miguel Covarrubias, UDLA (2017). Obtenido de: https://goo.gl/atxizQ 

 

Las características que comparte con “El Negro”, no son tantas ni tan acertadas para poder ubicar este monumento en un periodo cronológico similar, ni inmerso en la región inmediata a Tres Zapotes, incluso, la estructura general de cada monumento proyecta la idea de haber sido producidos para fines totalmente distintos. Es importante mencionar una diferencia considerable en el tamaño, así como una diferencia funcional -la espiga sirvió para usar la pieza como adorno arquitectónico. En realidad, resulta difícil saber a qué región podría corresponder debido a que: a) es un monumento portátil y podría provenir de diversas zonas de Mesoamérica, b) al parecer la suavidad en las curvas de los colmillos y los labios sin mostrar las encías no corresponden a un estilo típico de figuras en transformación de la zona nuclear.

 

Ahora bien, podemos constatar cuatro puntos que configuran esta temática de la escultura olmeca: 1) torso o parte superior del tórax y la cabeza, es decir, un busto que podría ser la forma original y posiblemente no haber sido desprendidos de una figura humana más completa; 2) orejeras rectangulares y la derecha presenta 3 líneas horizontales que la dividen en 4 secciones; 3) Rasgos zoomorfos como los colmillos, y otros como la ceja, nariz y los labios prominentes creando una figura mítica o en transformación, incluyen los ojos en forma de L invertida; 4) tocado peculiar a manera de “mohicano” con perforación en la sección superior derecha.

 

Habiendo definido lo anterior, podemos crear una propuesta cronológica para el monumento 1 de Estero y el del museo Amparo. Los monumentos de Estero Rabón, aunque no cuentan con contextos arqueológicos emanados de excavaciones controladas, cuentan con algunos trabajos iconográficos que los ubican durante el Preclásico inferior. Ocurre que el Monumento 1 se encuentra rodeado de otros ubicados en el Preclásico inferior, por lo tanto, nos parece prudente ubicarlo dicho periodo y a falta de un estudio iconográfico más detallado, nos parece que el del museo Amparo también puede ubicarse en este lapso temporal debido a tener una configuración, en general, idéntica. Aunque cuenta con los mismos elementos iconográficos, cabe resaltar que no reproduce el acabado ni la firmeza del monumento de Estero Rabón.

             

Resulta llamativa la perforación que presentan sobre el tocado, debido a que no es una huella de desgaste sin un sentido, es decir, el hecho de verla presente en las dos escultoras presume que fue tallada intencionalmente junto con el total del monumento. En este sentido, debió tener una función específica que se encontraba íntimamente ligada a esta temática escultórica. Pese a que resulta claro que es un elemento intencional, tratar de conjeturar el propósito específico del mismo recaería en la imaginación, así, quedamos a espera de nuevos datos arqueológicos que nos puedan guiar a la interpretación de estas esculturas y sus propósitos.

 

Comentarios finales

 

Cabe mencionar que De la Fuente (1976), presentó una situación similar a esta cuando comparó el monumento 77 con el 44 de La Venta y el 1 de San Martín Pajapan. Allí apunta, después de un intensivo examen estilístico e iconográfico que “en él (monumento 77 de La Venta) se trata de la misma entidad que figuran el ídolo de San Martín Pajapan y el Monumento 44 de La Venta” (De la Fuente, 1976:41). Por otro lado, González (1991), también creo un marco comparativo entre los monumentos 80 de La Venta, 1 de Los Soldado y el 37 de San Lorenzo, y pudo identificar algunos cambios iconográficos en monumentos que aparentemente muestran el mismo tema, agrega que “por falta de calidad artística o quizá un cambio en el sistema simbólico o por falta de una adecuada comprensión del tema representado […], los rasgos de mayor importancia son interpretados de forma diferente” (González, 1991: 171). Una situación similar sucede con el monumento 1 de Estero Rabón y el albergado en el museo Amparo, donde se representa la misma temática o entidad, incluso podemos proponer que tenían la misma función debido a la perforación superior y la estructura general de la escultura, sin embargo, los elementos iconográficos que la componen presentan algunas variaciones estilísticas que pueden insinuar que el del museo Amparo es producto de artistas ajenos a la talla de monumentos de la zona olmeca durante el Preclásico Temprano y Medio.

 

Es importante hacer énfasis en lo valioso que resulta exponer la información adquirida en el campo, en este caso, la comisión de Manuel Torres a San Isidro. En esta ocasión no se agrega un momento nuevo al corpus escultórico del sitio, en su lugar, se ilustra por primera vez un monumento que fue reportado en 1960.            

 

 

 

[1] Cyphers comenta que “se define como una figura que contiene una mezcla de características antropomorfas, zoomorfas y/o fantásticas, las cuales otorgan un aspecto sobre natural” (Cyphers, 2004: 28).

 

 

Referencias

 

Aguilar, Magdalena (2017). Lítica tallada y pulida del sitio arqueológico Estero Rabón. Tesis de licenciatura, Facultad de Antropología, Universidad Veracruzana.

 

Beverido, Francisco (1974). Tres monumentos olmecas más de la zona nuclear. Notas Antropológicas, 1 (19): 147-152.

 

Borstein, Joshua A. (2001). Tripping Over Colossal Heads: Settlement Patterns and Population Development in the Upland Olmec Heartland. Ph. D. Dissertation, Department of Anthropology, The Pennsylvania State University, University Park, Pennsylvania.

 

Coe, Michael D. y Richard A. Diehl (1980). In the Land of the Olmec. Vol. I. The Archaeology of San Lorenzo Tenochtitlán. Austin: University of Texas Press.

 

Cortés, Juan (2016). Arquitectura monumental en Estero Rabón, Veracruz: definiendo conceptos de monumentalidad. Tesis de licenciatura, Facultad de Antropología, Universidad Veracruzana.

 

Cyphers, Ann (2018). Escultura Olmeca de San Lorenzo Tenochtitlan. México: UNAM.

 

De la Fuente, Beatriz (1973). Escultura Monumental Olmeca: Catálogo. Cuadernos de Historia de Arte 1. México: Instituto de Investigaciones Estéticas-UNAM.

 

___________________ (1976). Sobre una escultura olmeca recientemente encontrada en La Venta, Tabasco. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas. 45: 31-43.

 

Escalante, Pablo (s.f.). Cabeza desprendida de una escultura antropomorfa. Ficha técnica descriptiva. Museo Amparo, Puebla, Pue. Obtenido de: https://goo.gl/qqXpJg

 

García, Melina (2016). Rasgos arqueológicos de la fase Villa Alta, en el sitio arqueológico Estero Rabón, Veracruz. Tesis de licenciatura, Facultad de Antropología, Universidad Veracruzana.

 

García, Pedro (2018). Aplicabilidad de las pruebas de barreno en la arqueología, el caso de Estero Rabón. Tesis de licenciatura, Facultad de Antropología, Universidad Veracruzana.

 

Gómez Rueda, Hernando (1996). Las Limas, Veracruz y otros Asentamientos Prehispánicos de la Región Olmeca. México: INAH.

 

González, Rebecca (1991). Algunas consideraciones sobre los monumentos 75 y 80 de La Venta, Tabasco. Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas. 58: 163-175.

 

Jurado, Melina (2016). Vida cotidiana en Estero Rabón. Tesis de licenciatura, Facultad de Antropología, Universidad Veracruzana.

 

Kotegawa, Hirokazu (2012). Proyecto Arqueológico Estero Rabón: Reconstruyendo la vida de los olmecas. Propuesta de investigación arqueológica de la Temporada 2013 al Consejo de Arqueología del INAH.

 

Medellín Zenil, Alfonso (1960). Monolitos Inéditos olmecas. La Palabra y el Hombre IV (XVI).

 

___________________ (1971). Corpus Antiquitatum Americanencium: Monolitos Olmecas y Otros en el Museo de la Universidad de Veracruz. México: Instituto Nacional de Antropología.

 

Torres, Manuel (1968). Informe de la comisión a las comunidades de San Isidro, municipio de Sayula, Ver. Barragantitlán y Paso Nuevo del municipio de Ixhuatlán del Sureste, Ver. Informe entregado al Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana.

 

Symonds, Stacey, Ann Cyphers & Roberto Lunagómez (2002). Asentamiento Prehispánico en San Lorenzo Tenochtitlán. México: Instituto de Investigaciones Antropológicas-UNAM.

 

 

 

 

 

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