© Agosto - noviembre 2019

FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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De cuando el territorio va más allá del espacio: reflexiones sobre su poder e importancia

 

Preámbulo

 

El territorio, así como palabra de uso común, está en todos lados; lo encontramos en las calles, en los anuncios, en las demandas, en peticiones, en las revistas, en programas de televisión, en el lenguaje, en los espacios administrativos y en la ciencia. Es como una persona popular que está en todos lados y de la que todos hablan de un tiempo a la fecha. Su importancia y destacamento reside en todos los elementos que lo componen, pero, ¿qué es lo que compone al territorio?, ¿qué lo hace ser un territorio? ¿qué no es un territorio?

 

Algunos que lo mencionan cuando hablan de territorio se refieren; a la gente, al sistema económico, a la naturaleza, a la religión, a la cultura y a la política para definirlo. Sin embargo, el interés y la manera por la que es abordada o construida esta palabra, concepto y forma, responde a diversos intereses, necesidades, visiones y por lo regular va de la mano a entenderlo para posteriormente dominarlo. Llamémosle dominación al hecho y resultado de tener más fuerza y poder de una cosa sobre otra.

 

Es así que, si todos en las distintas latitudes del mundo hablan de territorio, aun cuando cada lugar tiene sus características, algo debe de convergerlos o relacionarlos de tal manera que se entienda por qué el territorio es tan importante. Anteriormente habíamos dicho que entenderlo suponía dominarlo, conquistarlo, pero, ¿por qué sucede esto? Si algo ha de unirnos en el mundo son primordialmente las necesidades básicas y esenciales de todos los seres humanos, ¿y cuáles son éstas? Primero diríamos que, actualmente, el mundo se rige por códigos y normas que son soportadas por dinámicas y actividades manuales cuya base de articulación se hace por medio del trabajo que a su vez se transforma en capital y objeto de intercambio.

 

Posteriormente, subrayamos el alimento, la vestimenta y otros elementos que ayudan al bienestar de la sociedad que son extensos, aunque no nos detendremos a mencionarlos todos. Por tanto, si estos puntos son los nodos que articulan las redes en la sociedad, ¿cuál es la base? Habríamos de recordar que, desde hace un poco más de dos siglos, la humanidad se enfrentó a un suceso histórico que cambiaría para siempre el rumbo del mundo: la revolución industrial. De ella, podemos señalar que ha heredado varias transformaciones y a su paso ha dejado varios estragos a lo largo de este período de tiempo. Una de las más importantes, en todas las latitudes, es la globalización. Esta forma de vida impulsada y sostenida por una base material económica ha estado ligada a producir, avanzar y desarrollar la sociedad en detrimento de algunas otras cosas como el entorno que nos rodea. De esta manera, ¿qué tendría que ver la globalización con el territorio? ¿es un hecho aislado el uno del otro? ¿son consecuencia el uno del otro?, ¿están relacionados? Hablemos de eso y situémonos desde la visión científica, ya que para llegar a ello tendremos en cuenta la base que lo soporta y los elementos que lo componen, justamente como los que mencionamos líneas atrás.

 

El mundo es la base interactiva de toda la dinámica social que existe. Para entenderlo mejor, habremos de situarnos desde la ciencia que estudia a la tierra y que se refiere a esta como espacio. Entonces, si el espacio es el protagonista de la vida social, ¿quiénes son los que recrean la vida cotidiana? Son los actores sociales y éstos por su parte accionan, deciden, conquistan, explotan, ordenan y ciñen a sus necesidades y beneficios el lugar que habitan desde los comienzos de la civilización. Aquí vamos a un punto por el cual lo que sale a relucir es la acción del ser humano en el espacio y en ese sentido, al parecer estamos refiriéndonos al territorio o al proceso de crearlo.

 

Habría que preguntarnos, ¿qué relación tiene la acción y la reacción humana en el espacio para entender que hablamos de territorio? Nos apegamos a que es la conquista y dominación de una cosa sobre otra y, en este caso, la acción encima de otra es la humana sobre el fin que es el espacio. Por esto, trataremos de entender y discutir esta palabra desde el punto de vista de la ciencia geográfica para intentar trasladarlo de la cotidianidad a la complejidad teórica.

 

Es importante señalar que algunas características son resultado de la creación de este concepto y responden a escalas, movimientos en distintos planos y bajo diferentes vistas. Por ello, qué mejor que la geografía humana para analizarlo y entender la relación del ser humano con el espacio, así como la incidencia del concepto de territorio en el tiempo actual. Para este ejercicio de reflexión, nos ayudarán algunos teóricos que han puesto el ojo sobre este concepto y lo que trae consigo desde las ciencias sociales y en la realidad social.

 

Espacio, territorio y sociedad

 

Algunos autores parten de la premisa de ver al territorio como una extensión física, como producto de relaciones sociales o como apropiación. Estas conceptualizaciones son “resultado de factores conceptuales, teóricos, históricos y del desarrollo de las áreas del conocimiento que a su vez han hecho alusión al espacio por otras categorías -como las de territorio, paisaje, regiones y lugares- mismas que han tratado de usarse o bien como sinónimos de espacio, para particularizar su acepción, o bien para analizar los procesos que se desarrollan en la superficie terrestre o como instrumento para definir el entorno natural que los seres humanos ocupan” (López y Ramírez, 2012: 22). De igual manera, lo que se asoma en estas maneras de percibir al territorio tiene estrecha relación con la forma por la que se ha estudiado y analizado al espacio como totalidad mediante problemáticas específicas en el mundo.

 

Si bien las categorías espaciales sirven para hablar de lo que pasa entre la acción humana y lo físico natural, el territorio como concepto y categoría de análisis espacial tiene la función de ayudar a entender los problemas que sucumben a los espacios en un ejercicio de control y poder. Por esta razón, la primera diferenciación de territorio como categoría espacial tiene su génesis en la década de los setenta del siglo pasado porque “con la teoría marxista, podía explicar de manera más concreta los resultados de uso y apropiación y transformación, por parte de agentes diversos, manifiestos en el territorio. El vínculo agente-espacio, resulta de la particularidad del estudio del territorio” (López y Ramírez, 2012: 38), de tal forma que se pudieran explicar las relaciones sociales que se creaban en los procesos de producción urbana y laboral en un espacio en específico.

 

 

No obstante, vale la pena reformularnos si estos planteamientos son útiles para la actualidad y si pueden estar en sintonía con la realidad social que impera en el siglo XXI, en las demandas de la población y los retos a los que se enfrentan las administraciones políticas y cómo desde el quehacer científico se está haciendo cara a la conceptualización y forma de abordarlo a la hora de hacer investigación social.

 

Por otro lado, como se ha señalado anteriormente, los usos indiscriminados de los conceptos espaciales han sido considerados para proyectos de nación. ¿Esto pasa con el territorio? Sí, y es porque, al igual que los otros conceptos, han sido utilizados, ya que son expresiones de “la espacialización del poder y de las relaciones de cooperación o de conflicto que de ella se derivan. Pero generalmente ocurre que, tanto en la práctica política como en el análisis académico, espacio, territorio y región, cuando no se ignoran por completo, se consideran receptáculos con existencia propia e independiente, contenedores o escenarios inmóviles” (Montañez, 1998: 120).

 

Bajo estas perspectivas, lo que ha saltado a la vista es el poder y el producto de interacciones. Al respecto, y en sintonía, el territorio “evidentemente, se apoya en el espacio, pero no es el espacio sino una producción a partir de él. Es la producción para todas las relaciones de los recursos y se inscribe en un campo de poder. Producir una representación del espacio es ya una apropiación, un dominio, un control, incluso si permanece dentro de los límites de un conocimiento” (Raffestin, 2013: 174). Bajo esta visión, el espacio visto como territorio muestra las relaciones que se inscriben en él bajo un esquema de dominio y bajo una visión dialéctica porque el espacio es convertido en territorio en el momento en que un actor se inserta en una relación social donde su base es por la comunicación. Asimismo, el territorio siempre tiene una estructura jerárquica donde se controla y domina el espacio por medio de los actores sociales.

 

Hasta este punto, hemos señalado desde la visión meramente geográfica los aportes más relevantes para la visión material y humana que se ha conceptualizado por territorio; empero, otras ciencias sociales como la antropología, han formulado conceptualizaciones por las investigaciones de tipo regional que han hecho a lo largo de su desarrollo como ciencia. En ese sentido, vale la pena mencionar que esta ciencia ha aportado grandes visiones y consideraciones hacia las categorías espaciales. Su desarrollo “se volvió una palabra común en el diálogo entre geógrafos, historiadores, antropólogos y otros científicos sociales. La definición del concepto, por supuesto no es única, aunque se comparte generalmente la noción de un espacio apropiado mítica, social, política o materialmente por un grupo social que se “distingue” de sus vecinos por prácticas espaciales propias” (Hoffmann, 1997: 23). Estas visiones nos han dado varios puntos centrales por los que podemos argumentar ahora.

 

Para no finalizar

 

Lo que podemos observar hasta este punto, teniendo como referencia las diversas definiciones de territorio que hemos señalado como fundamentales para entender el esquema de acción – reacción, es que hablar de territorio implica varias cosas, entre las cuales se destacan: reconocer los procesos que la sociedad ejerce en un espacio específico en donde se entrecruzan cuestiones económicas, políticas, culturales, naturales, urbanas y la interacción de todo esto.

 

Cuando decíamos en un inicio qué es lo que compone a un territorio, pudimos notar a partir de las distintas formas de entender el territorio que son, principalmente, las acciones humanas, los elementos naturales del espacio y la transformación de éstos lo que refiere a su composición. De igual manera, lo que hace que un territorio sea tal es la forma por la que las personas se apoderan, crean, recrean, transforman y modelan a su interés un espacio. De mismo modo, lo que no es un territorio, pudimos verlo cuando se hablaba de que las categorías espaciales han sido utilizadas como sinónimos, cuando cada una responde a limitaciones claras que a su vez son resultado de los acontecimientos que pasan para que una u otra sea nombrada de tal manera. Un territorio se diferencia de paisaje, espacio o región porque sus bases principalmente políticas y económicas se sostienen de relaciones de producción y explotación por medio de la fuerza de trabajo y de la división social.

 

 

Para retomar a los autores que colaboraron a discernir cómo se ha analizado el territorio, bastó tener en cuenta que, desde la geografía, así como desde otras ciencias sociales, los científicos sociales coinciden en que el espacio debe ser concebido como la negociación entre los actores sociales, sus relaciones, la economía y las características naturales del espacio. Esto aplicado en cada espacio, cada grupo, cultura y sociedad.

 

Por último, es importante tener en consideración que; formular un concepto de territorio y entender una problemática vista bajo este esquema conceptual supondrá siempre considerar la extensión física espacial, las relaciones sociales que prevalecen en él y la forma por la que los actores sociales se apropian mediante cuestiones laborales, económicas, políticas y naturales. Por lo anterior, es importante suponer que de tener estas características entendemos por qué en todos lados se habla de territorio, ya que su fuerza y poder actualmente es trascendental por el sistema económico en el que estamos insertos.

 

 

Referencias

 

Hoffman. O. Fernando S. (1997). Introducción. Entre representación y apropiación, las formas de ver y hablar del espacio. En. Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social e Institut Francais de Recherche Scientifique pour le Developpement en Cooperation (Ed.). Nueve estudios sobre el espacio. Representación y formas de apropiación, 12-29. México. Disponible en: https://goo.gl/FxKycE

 

López Levi, L., Blanca R. Ramírez Velázquez. (2012). Pensar el espacio: región, paisaje, territorio y lugar en las ciencias sociales. En UAM-X (Ed.). Explorando territorios. Una visión desde las ciencias sociales. México, 21-48.

 

Montañez. G.; Delgado. O. (1998). Espacio Territorio y región, conceptos básicos para un proyecto nacional. Cuadernos de geografía VII (1-2). Disponible en: https://goo.gl/9VnxEd

 

Raffestin, C. (2013). ¿Qué es el territorio? En El Colegio de Michoacán AC, Fideicomiso “Felipe Teixidor y Monserrat Alfau de Teixidor (Ed.). Por una geografía del poder (Octavio M. González Santana, Yanga Villagómez Velázquez Trad.). México, 173-194.

 

 

 

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