© Agosto - noviembre 2019

FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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El aftermath de la coyuntura venezolana: de resistencias fallidas y resiliencias comprobadas

 

 

En un artículo que publiqué en 2015,[1] tras los resultados opositores positivos en el congreso, advertía que la legitimidad social que da el voto retrospectivo sancionatorio es muy frágil y pedía mesura en no sobredimensionar la victoria. Igualmente, planteaba que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) enfrentaba su máximo reto: ya no eran oposición (en la Asamblea al menos) y los tiempos victoriosos pondrían a prueba la fortaleza del lazo. También preguntaba, esta vez en tiempos más recientes, si la oposición había superado sus males históricos: subestimación del adversario, sobreestimación de las propias fuerzas y diagnóstico de la situación. Los últimos acontecimientos dejan claras respuestas negativas a estos planteamientos.

 

Desilusión, resignación, auto-reproches, sorpresas, reclamos, gobernadores opositores electos del partido Acción Democrática[2] juramentándose ante el ente que liquidó las protestas, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) planteándose su partido en el país vecino, anuncios sobre la deuda externa,[3] posible default, son parte de lo que se percibe del ambiente en Venezuela luego de un desgastante ciclo de protestas y después de su desenlace con la imposición de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y los resultados de las elecciones de gobernadores. En este escrito no pretendo dar respuestas que aminoren este sentir; no las tengo y creo que es una situación en la que son poco satisfactorias las que se puedan dar. Solo quisiera ofrecer algunas preguntas que me parecen necesarias, y que no han sido suficientemente planteadas, junto con posibles pistas para encararlas.

 

Las propongo de una vez: A pesar de que aparentemente no consiguieron sus objetivos ¿Qué sí consiguieron las protestas de 2017? ¿Podemos eliminar del todo de la explicación de la victoria chavista del 15-O la tesis del poder simbólico, la cual más que a manipulación apunta a identificación? ¿Valdría la pena pensar en una transición política de abajo hacia arriba de larga duración incluso si esto supone relegar un poco el frenesí por una salida de arriba hacia abajo? ¿Cómo pasa la oposición de su mejor momento a finales de 2015 a este desastroso final de 2017?

 

Protestas y ANC

 

Como he expuesto en varias oportunidades, hay que seguir la guía de Javier Corrales cuando afirma que es un error pensar que la única medida para el éxito de la protesta es el cambio de régimen. En este sentido, me parece clave que desde la academia exista una reflexión densa acerca de lo que sí lograron las protestas de este año, sobre todo en comparación con las de 2014.[4] Quizás la nueva territorialización del conflicto que implicó, los repertorios utilizados, el apoyo internacional y las distancias que fomentó de figuras vinculadas al chavismo con respecto a Maduro, puedan ser algunos de los más importantes logros. La esperanza era que con el distanciamiento de la fiscal, se generarían otros y más importantes. En ese sentido, subestimamos la cohesión de los militares y el, o en el, gobierno.

 

Y es que así pasó. El ciclo de protestas,[5] uno de los más largos en la historia de Latinoamérica, fue militar (represión en las calles) y políticamente (instauración de la ANC) derrotado. Aquí hay que hacer un recordatorio importante: no falló la protesta no violenta como estrategia. Expertos han señalado que varias de las condiciones necesarias para que este tipo de estrategias tenga éxito no estaban. Y luego está problema de que se generaron sobreexpectativas y luego no se supo articular comunicativamente cómo ir a elecciones regionales no significaba claudicar. No hay que olvidar que la exigencia de elecciones regionales era una de las demandas explícitas al inicio del ciclo contencioso.

 

Vale mencionar, sobre eso que marcó el fin de las protestas, que, desde su instauración, la ANC ha decretado las siguientes medidas: remoción de la fiscal general, una polémica comisión de la verdad, reprogramación de las elecciones de gobernadores, controles económicos, propuesta de encarcelamiento del primer vicepresidente de la Asamblea Nacional y la promulgación de la Ley Contra el Odio. Todo esto sin comenzar la tarea que tendría que hacer: la redacción de una constitución. Solo se ha dedicado a usurpar funciones legislativas y electorales.

 

 

De lo anterior, lo más preocupante es sin duda la Ley Constitucional contra el Odio por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia.[6] ¿Qué entrará en la definición de lo que es un mensaje de odio? ¿Un mensaje de protesta? El artículo 11 apunta al actuar de los partidos y organizaciones políticas, el 12 está dirigido a los medios de comunicación y el 14 establece prohibiciones a mensajes en redes sociales. Al ser una ley que habla de convivencia pacífica y convivencia pública, creo que no es alocado pensar que queda amenazado el derecho a expresar descontento o el derecho a protestar.

 

En otro orden de ideas, mucho del chavismo de abajo, y de simpatizantes a nivel internacional, se mostraba esperanzando con las virtudes de la ANC en reconectar instituciones y demandas sociales de sectores afines al proceso. En ese sentido, es menester destacar que, entre el 4 de agosto y el 18 de octubre:

 

La presidente de la cuestionada constituyente ha acaparado casi 30% de las intervenciones desde que se instaló ese ente. Apenas 13.2% de los constituyentes ha tenido la oportunidad de hablar en plenaria. El sector comunas y los representantes de 8 estados jamás hablaron en casi tres meses de funcionamiento (Morales P., 2017).

 

 

Las elecciones del 15-O

 

Los resultados del 15-O sorprendieron al país. Aunque comparto la sorpresa, considero que tanto asombro tiene que ver con una incredulidad de fondo acerca del hecho que siquiera una persona quiera votar por el chavismo todavía. Siguiendo un comentario de Luis Gómez Calcaño, la intención del Estado-PSUV fue aprovechar la situación irregular del Consejo Nacional Electoral (CNE) en las elecciones de la ANC para dividir a la oposición en torno a su participación. Considero que las cifras se inflaron descaradamente en esa elección del 30 de julio[7], no en las del 15-O, pero lo primero definitivamente tuvo impacto en lo segundo. Un fraude hecho con toda la intención de dividir a la oposición en torno a la participación en las regionales y cambiar el momentum.

 

Un detallado informe postelectoral es realizado por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)[8] y establece lo siguiente: a) a un sector de la población electoral se les impidió u obstaculizó votar en centros favorables a la oposición, b) ciudadanos fueron migrados de sus centros 48 horas antes de la elección e inclusive el mismo día de la elección, c) violencia e intimidación dentro y fuera de los centros electorales, d) votos nulos que debieron haber sido adjudicados a los candidatos de la oposición producto del impedimento de sustitución de candidatos ya retirados. Sin embargo, en términos de conteo de votos, el estado Bolívar es el único que presentó discrepancias entre las actas publicadas por el CNE. También existen suficientes indicios para creer que en algunas zonas el voto por el partido de gobierno se infló mediante la expulsión de los testigos de oposición y uso indebido de las máquinas de votación.

 

Ante esta situación, señala Penfold (2017) que a) la abstención realmente solo ocurrió en algunos municipios específicos históricamente opositores, de hecho, la participación fue más alta que en las últimas regionales y b) las reubicaciones de electores solo fueron importantes en Baruta y Chacao. Más aún, apunta el analista que la oposición logró obtener un triunfo en el Zulia que fue el estado con mayor abstención. La abstención que más pesó fue en la contraloría y acompañamiento ciudadano en los centros de votación (solo 56% de auditorías ciudadanas).

 

Siguiendo con Penfold, el investigador establece que la oposición tuvo un decrecimiento en estados urbanos y se pregunta cómo consiguió el chavismo el voto urbano. Como respuesta a esta pregunta propone el impacto de los CLAPs[9] y puntos rojos de control en torno al carnet de la patria[10] el día de la votación. Establece que hay testimonios que afirman que:

 

La renovación del carnet estuvo condicionado a que la persona (y por lo tanto la familia) acudiera a votar (aunque en Venezuela el voto no es obligatorio). Si efectivamente esto ocurrió a gran escala, algo que no se puede afirmar a ciencia cierta, el diseño clientelar de este mecanismo le garantizó al PSUV una movilización prácticamente (Penfold, 2017).

 

El analista, en la explicación de la victoria chavista del 15-O,[11] desestima la tesis de la abstención, de los centros reubicados y de la manipulación del voto, además, no se muestra convencido de que una explicación satisfactoria sea decir que hubo una combinación de todos estos factores. Sin embargo, como bien se muestra en la cita anterior, admite que no se puede corroborar qué tan extendidos estuvieron estos puntos rojos, es decir, la tesis clientelista también queda como un factor de impacto parcial o indeterminable en su argumentación.

 

Problematizando la tesis clientelar

 

A pesar del evidente peso de la maquinaria biopolítica de control a través del carnet de la patria y de los CLAPs, ¿cómo explicar la gran cantidad de testimonios recogidos de gente que votó por el chavismo y que reconoce que pasa hambre y trabajo pero que simplemente no le termina de convencer el planteamiento opositor? El control, el bozal de arepa, siempre ha estado, es una constante que, vale mencionar, no fue suficiente en diciembre 2015 ¿Nos contentamos diciendo simplemente que sí funcionó ahora? A pesar de los cambios en sofisticación tecnológica ¿Puede explicarse la victoria del chavismo apelando a algo que técnicamente ha sido una constante y no a una variable?

 

Desde siempre, al referirse a las bases que apoyan la revolución, se postula a los mecanismos de control como factores explicativos de tal sustento. Contrario a todo esto, Ana Teresa Torres afirmaba:

 

Pero si eso es lo único que mantiene la fidelidad al líder, entonces tendríamos que pensar que estamos definiendo a esas masas como un conjunto de cuerpos vacíos que solamente responden a la inmediata necesidad y al control intimidatorio de los mecanismos del poder. Debemos recordar que estamos hablando de personas (de muchas, por cierto) y no de máquinas a las que se les suministra combustible o se programa para actuar […] En ese movedizo terreno de la subjetividad se ancla la tercera fuente de poder del líder: el poder simbólico (Torres, 2013: 142).

 

Esto era muy válido para los tiempos de Chávez. No me atrevería a afirmar la medida en que sigue teniendo un papel –sobre todo porque es muy atractiva la tesis de una acentuación autoritaria, militar y de control de los cuerpos en vistas de la falta del liderazgo carismático– pero ¿podemos eliminar del todo de la ecuación a esta tercera fuente?

Hay dos interesantes artículos que ofrecen insumos para sustentar que al menos sea legítimo formular mi planteamiento como pregunta. El primero de ellos, de Alejandro Velasco, retrata las protestas que ocurrieron en el popular barrio caraqueño “23 de Enero” en contra del CNE cuando candidaturas independientes al PSUV, como la del líder del colectivo “La Piedrita”, fueron anunciadas como perdedoras en las elecciones para la ANC. Para el autor esto es muestra de las tensiones que existen entre lo que denomina los dos chavismos: los participativistas con una visión radical, de base; y los pragmáticos maduristas. En otras palabras, es el conflicto entre gobierno y sus bases, entre el chavismo de arriba y el de abajo.

 

En palabras de Velasco, “entender estas zonas grises, de abierto rechazo al gobierno pero sin llegar a pasar a la oposición tradicional, resulta clave para pensar cualquier transición política”(Velasco, 2017). Es decir, tampoco debe exagerarse a un chavismo homogéneo y conglomerado tras estas victorias, sobre todo porque nunca lo ha sido y los clivajes siguen presentes. Pero esta cita también permite ilustrar el punto de que existe también un sector que reconoce que hay problemas, que sabe quiénes son los responsables, que sabe que los pretenden callar con comida pero que simplemente no se termina de identificar con la oposición.

 

El segundo es un completo reportaje realizado por eldiario.es en el que se preguntan por qué San Agustín, otro popular barrio caraqueño, no salió a protestar. La respuesta que recogen en diversos testimonios es sugerente: porque estaban ocupados sobreviviendo, haciendo su propia política. Así pues, “mientras la oposición tatúa las paredes de los barrios acomodados de Caracas con lemas como tenemos hambre […] en San Agustín la comunidad se organiza para asegurar su consumo de alimentos” (Arce y Donaire, 2017). Esto, por un lado, ilustra bien el hecho de que protestar involucra costos que no todos pueden pagar, pero también refleja lo que todavía se percibe como un tipo de política lejana ante la preferible vía comunitaria de resolver los problemas (aunque en este ciclo de protestas fueron más los sectores populares que se movilizaron).

 

El tipo de experiencias que recoge este reportaje también muestra muy bien esta crítica que se hace desde abajo al excesivo burocratismo y control, es decir, como se mencionó arriba, la gente está consciente de que los CLAPs son bozales de arepa pero sigue sin identificarse con la propuesta opositora. A eso habría que sumarle el miedo. Hay mucho y diversos tipos de miedo: está el miedo a ser percibido como opositor si te muestras crítico, está el miedo de que lo anterior signifique perder acceso a productos subsidiados que permiten sobrevivir, el miedo a perder todo lo que se ha logrado y el propio miedo a la oposición. Son estos miedos que rompen en el entramado social a los que una propuesta alternativa tendría que atender (y así la sociedad pueda pasar más fácilmente del marco diagnóstico al marco propuesta). Quizás una transición de abajo hacia arriba sea la mejor forma de garantizar una de arriba hacia abajo.

 

Rafael Uzcátegui, en ese sentido, hace bien en recordar que el chavismo como identidad política va a continuar (Cuevas Guarnizo, 2017). Esto es algo que siempre he dicho en diversos espacios académicos y a lo que se me contesta con un soberbio comentario acerca de cifras bajas de apoyo a Maduro. Es vital comprender al adversario, pero no desde sus obvias características en términos de régimen político, ex parte principis, desde arriba. Sino desde abajo, ex parte populi.

 

¿La cubanización de Venezuela?

 

En una reciente nota en Caracas Chronicles, Emilia Duarte reflexiona sobre el pretendido encarcelamiento de Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional. Además de acertadamente apuntar que con el anuncio ya se lo declara culpable, y que esto es una señal de que para el gobierno ya no hace falta mantener apariencias, menciona que el hecho es coincidente con la liberación de Yon Goicochea, otro líder opositor. Este último evento, asevera, es muestra del arbitrario poder del Estado y que solo lo están liberando porque sí, sin razón, solo por liberarlo y ya. Yo agregaría que en realidad sí hay una razón: la mezcla bien efectiva de sanción y concesión, lo que sería reflejo de una forma menos publicitada de emulación del caso cubano.

 

Geoffray (2014), pensando en contexto de la isla, plantea este tipo de concesiones no en términos benevolentes sino como parte de una forma de poder suave: permitir expresiones que no desafíen demasiado el sistema y proseguir con represiones específicas.[12] Se trata de una mezcla de represión selectiva y concesiones tácticas; una dinámica ambivalente deliberada. Es el postulado de Lichbach (1987): políticas gubernamentales adaptativas y represivas consistentes reducen el disenso.

 

Otros de los paralelismos que se están dando son que camiones de carga se están utilizando como transporte de personas, el carnet de la patria, los CLAPs y el empresariado estatal militar.[13] Siempre he sido renuente a una comparación tajante con Cuba, pero evidentemente los últimos tiempos las hacen cada vez más plausibles. Solo quería hacer un comentario en este punto: existen quienes veían este nivel de semejanza ya en 1999, con una paranoia tremenda, y que ahora tienen un desagradable dejo de futurólogo exitoso. Sin embargo, la propia posibilidad de hacer una periodización del declive autoritario del chavismo, algo que hacen muy bien Chaguaceda y Puerta Riera (2017), implica que existen diferentes puntos de inflexión en los cuales los escenarios pudieron ser unos y no otros (por ejemplo, la creación de un partido único en 2007). Pensar que como se dieron las cosas era un plan prediseñado por los demiurgos chavistas es asignarles demasiada capacidad e ignorar incluso el rol del contexto internacional y del conflicto con sus detractores en la definición de cómo se dieron las cosas.

 

 

Conclusiones

 

La oposición política a la revolución bolivariana se inscribe en una historia de derrotas y fragmentación partidaria. En este sentido, hoy más que nunca, es vigente la afirmación de Valenzuela (2014): “la oposición siempre ha estado en contra de Chávez, pero no necesariamente ha planteado un proyecto alternativo consistente”.

 

Se leen por ahí afirmaciones como “el gobierno estaba contra las cuerdas y la oposición pidió la campana” o “jamás se estuvo de estar tan cerca a estar tan lejos”. Pero en retrospectiva ya podemos decir que esto no fue así: nunca estuvieron contra las cuerdas, no se estuvo cerca. Creo que justamente esa sobreestimación del diagnóstico fue contraproducente para que las protestan lograran más cosas.

 

¿Cómo pasa la oposición de su mejor momento a finales de 2015 a este desastroso final de 2017? La respuesta a esta pregunta excede lo que se presentó en este artículo, pero considero que cualquier contestación tiene que adoptar una perspectiva sociopolítica compleja y relacional, esto es, que no se quede con una cara de la moneda (señalando, desde una perspectiva voluntarista, las fallas de la alianza o quedándose en la discusión politológica de cómo etiquetar al régimen).

 

Creo que una pauta de respuesta a esta pregunta también pasa por apelar al hecho de que ese mejor momento representaba la conquista de un poder, el congreso, y el enmarque de un enfrentamiento que se terminó perdiendo con el ejecutivo, el judicial y un poder fáctico como el militar. Probablemente era un enfrentamiento destinado al fracaso que requería movimientos más prudentes para tratar de cambiar la correlación de fuerzas antes de lanzarse a la calle, pero reflexionar sobre los hubiera es voz vacía.

 

Es muy importante el llamamiento que hace Mariana Bacalao sobre la estrategia comunicativa de la MUD: hacen falta esquemas más horizontales, abrir los espacios de la alianza para recoger de mejor forma los puntos de vista de la ciudadanía (Crespo, 2017). Esta siempre ha sido una crítica de los partidos más pequeños, movimientos y asociaciones de la sociedad civil vinculados a la organización: hay dinámicas muy de centro-periferia dentro de la alianza. En este punto, abundan los artículos de opinión que señalan las fallas de comunicación y coherencia en la oposición pero se presta poca atención a los factores que explican esas deficiencias, las cuales muchas veces tienen que ver con las eficientes contraofensivas del gobierno; las acciones no ocurren en el aire, dependen de una estructura de oportunidades y restricciones. Este comentario no es para excusar a una alianza con claras fallas, sino para tratar de construir análisis con una perspectiva lo más compleja posible.

 

Al tiempo de escribir este artículo AD anuncia la postulación de Ramos Allup como candidato presidencial.[14] Aunque este y otros eventos dejan muy mal parada la vía electoral, es clave seguir apostando por ella, por supuesto, a través de una presión previa para mejorar las condiciones de participación. No tiene que plantearse jugar en tablero electoral para no “perder espacios de poder” sino por el papel que tiene esto, como recordaba Magdaleno (Prieto, 2017a), en detonar fracturas en la coalición de poder dominante, es decir, por su papel en una eventual transición.

 

Por otro lado, el descontento social siempre puede despertar en cualquier momento, porque a pesar de que no hubo una traducción política adecuada este año, las cosas siguen mal. Y, como en muchos otros casos, puede detonarse otro ciclo de protesta pero no impulsada desde representantes políticos, sino desde lo social, sobre todo teniendo en cuenta la incapacidad de la oposición para canalizar estas expresiones.

 

En ese sentido, no hay que dejarse llevar demasiado por el clima de resignación. El fantasma de un estallido ante cualquier medida poco popular –como aumento de pasajes, de gasolina, de servicios, afectaciones gremiales, perpetuación de la inseguridad– sigue presente. Y el gobierno sabe muy bien esto, sabe que el caldo de cultivo está y por eso va a tratar de hacer todo lo posible por seguir aplazando ese tipo de políticas.

 

Si, como afirman varios analistas, hay una vocación totalitaria cada vez más presente en el contexto venezolano, y hay un régimen más resiliente de lo que se esperaba, entonces, como señala Luis Gómez Calcaño (Prieto, 2017b), lo que queda es una resistencia de largo plazo que pasa necesariamente por lo social. Se dice que este tipo de vocaciones ataca al entramado de la sociedad; lo que toca entonces es restituirlo, desde lo micro; ir a los problemas de las personas.

 

Las elecciones de gobernadores realmente se debieron hacer a finales de 2016. Hace un tiempo culminaba un artículo con la preocupación de que se retrasaran las presidenciales. Ahora el riesgo es el contrario: el de adelantamiento electoral. En todo caso, parece iniciar una nueva etapa de la revolución bolivariana que parece estar aprendiendo muy bien del PRI mexicano.

 

 

 

 

 

[1] Disponible en: https://alaizquierda.com.mx/2015/12/14/despues-del-6-d-repunte-de-la-polarizacion-en-venezuela/

 

[2] Actuación polémica que los ha llevado a ser tildados de traidores, pragmáticos o, más politológicamente, una oposición leal.

 

[3] El anuncio de la reestructuración y refinanciamiento de la deuda externa venezolana fue realizado por Maduro el 2 de noviembre de 2017. Se estima que son más de 175 mil millones de dólares de deuda. El pago hasta ahora ha sido diligente a costa de la importante reducción de las importaciones. No queda claro si es reestructuración (modificar términos de contratos existentes) o refinanciamiento (reemplazar una deuda con otra con nuevos intereses y plazos). Es necesario para el gobierno mejorar las condiciones de credibilidad lo que puede pasar por programas de ajuste. Nótese que en este punto de la credibilidad no ayuda que el Estado oculte los indicadores económicos ni cuánto se le debe realmente a Rusia o China. El gobierno venezolano podría estar intentando asociar la flexibilización de las sanciones americanas a la necesidad de refinanciamiento de deuda, como parte de un lobbying. Todo parece indicar que Rusia está dispuesto a aceptar los riesgos en cuanto a la deuda venezolana pero existen señales para pensar que el apoyo chino no puede darse por sentado.

 

[4] La doctora Iria Puyosa está desarrollando una investigación al respecto que será de lectura obligada una vez culminada.

 

[5] Último informe sobre la situación de la represión en Venezuela: https://foropenal.com/2017/11/09/reportederepresionoctubre-2017/. Cronología de las protestas: http://www.ventevenezuela.org/cronologia2017/.

 

[6] La ley puede leerse en: http://www.correodelorinoco.gob.ve/oficializada-ley-constitucional-contra-el-odio-pdf/.

 

[7] La empresa que hizo la totalización de votos denunció manipulación, con una diferencia de al menos 1 millón de votos con respecto a lo expuesto por el CNE.

 

[8] Informe completo disponible en: https://politikaucab.net/2017/10/26/reporte-especial-n41-informe-post-electoral-de-las-elecciones-de-gobernadores-2017/.

 

[9] Comités Locales de Abasto y Producción. En términos concretos implica una caja con alimentos subsidiados. Máxima forma de aproximación a la crisis alimentaria desde el gobierno venezolano.

 

[10] Vale mencionar que el Carnet de la Patria si no se renueva limita el acceso a alimentos subsidiados.

 

[11] Las elecciones de gobernadores del 15O también dejan una reagrupación en el chavismo donde figuras relacionadas con el 4F han quedado relegadas ¿Una victoria del madurismo pragmático frente a los que acompañaron a Chávez desde el principio?

 

[12] Este argumento es desarrollado de forma más extensa en un capítulo de un próximo libro de la FLACSO-México, coordinado por Mario Torrico, en el que participo junto a Armando Chaguaceda.

 

[13]Desde 2001 hasta 2017 el Estado venezolano pasó de ser propietario de 74 empresas públicas a 526. Estas empresas son usadas para favorecer a grupos de las fuerzas armadas. Ver informe en: https://transparencia.org.ve/project/proyecto-bolivariano-agiganto-la-plataforma-empresas-del-estado-aumentar-control-economico-politico-social/

 

[14] Tener a Ramos Allup de presidente, representante de lo que podría denominarse oposición leal al PSUV, ¿No sería un signo de un inicio de transición? ¿O un nuevo pacto de gobernabilidad a lo punto-fijo? ¿Cuáles son los escenarios para las presidenciales? Candidatos inhabilitados, de oposición leal, diversidad de candidatos opositores…

 

Referencias

 

Arce, A. y Donaire, S. (2017, 2 de septiembre). ¿Por qué San Agustín no bajó a protestar contra el Gobierno de Venezuela?. Eldiario.es. [Disponible en: https://goo.gl/DZi5cU]

 

Chaguaceda, A. y Puerta Riera, M. (2017) Decadencia autoritaria en Venezuela: proceso histórico y desarrollos recientes. Diálogo Político, 2: XXXIV.

 

Crespo, C. (2017, 21 de septiembre). Expertos: MUD debe mejorar su comunicación y dar mayor claridad a sus mensajes. Crónica Uno. [Disponible en: https://goo.gl/EQbU4U]

 

Cuevas Guarnizo, A. (2017, 9 de septiembre). “Hoy la persecución en Venezuela es incluso contra los chavistas”: Rafael Uzcátegui. Dejusticia. [Disponible en: https://goo.gl/y5taix]

 

Geoffray, M.L. (2014). Channeling Protest in Illiberal Regimes: The Cuban Case since the Fall of the Berlin Wall. Journal of Civil Society, 10:3.

 

Lichbach, M. I. (1987). Deterrence or Escalation? The Puzzle of Aggregate Studies of Repression and Dissent. Journal of Conflict Resolution, 31:2.

 

Morales, M. (2017, 30 de octubre). Delcy acapara intervenciones y Cabello dicta línea política en la ANC. Crónica Uno. [Disponible en: https://goo.gl/Pf9YoA]

 

Penfold, M. (2017, 22 de octubre). El nuevo Leviatán venezolano: entendiendo el #15OCT.  Prodavinci. [Disponible en: https://goo.gl/R7Wtna]

 

Prieto, H. (2017a, 3 de septiembre). John Magdaleno “Ir a las elecciones regionales contribuye al quiebre del régimen autoritario”. Prodavinci. [Disponible en: https://goo.gl/dsxAV6]

 

Prieto, H. (2017a, 6 de agosto). Luis Gómez Calcaño: “Hay que organizar la resistencia a partir de lo social”. Prodavinci. [Disponible en: https://goo.gl/BVm64Z]

 

Torres, A. T. (2013). Chávez y su poder simbólico. En Bisbal, M. La política y sus tramas, UCAB: Caracas.

 

Valenzuela, P. (2014), Caída y resurgimiento. La evolución de la oposición política venezolana durante el gobierno de Hugo Chávez. Política y Gobierno, 21: 2.

 

Velasco, A. (2017). Chavismo en crisis, chavismo en disputa. Nueva Sociedad, 271.

 

 

 

 

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