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FUIMOS PECES | REVISTA DIGITAL, Año 2, No. 11, Agosto-noviembre 2019, es una publicación trimestral editada por Fuimos Peces, calle Melitón Guzmán 103, Col. Virginia Cordero, Xalapa, Veracruz, México. Tel. (228) 8136604, www.fuimospeces.mx, revista@fuimospeces.mx Editor responsable: Virginia Arieta Baizabal. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2017-060214264100-203, otorgada por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este Número: J. Enrique Sevilla Macip, fecha de última modificación 9 de agosto de de 2019.

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La memoria y la justicia social

29 Sep 2017

 

 

“El tiempo no es real más que en la medida en que tiene un contenido,

 es decir, en que ofrece una materia de acontecimientos al pensamiento.

Es limitado y relativo, pero tiene una realidad plena.

Es lo bastante extenso para ofrecer a las conciencias individuales

un cuadro suficiente amplio para que puedan

disponer de él y reencontrar sus recuerdos”.

Halbwachs (1950:129)

 

 

La memoria histórica en la actualidad juega un importante papel en las comunidades contemporáneas como nueva expresión de la sociedad consumista y globalizada en un punto de grandes actos identitarios dentro de escenarios políticos, jurídicos, culturales y ético-sociales que ha generado dignidad a las sociedades, heredando y rescatando victorias y resistiendo a causas y consecuencias de desigualdad, violencia, pobreza, guerra y demás fenómenos implícitos en ellas.

 

La memoria, desde una perspectiva, significa establecer de qué manera la comunidad inmortaliza su pasado y busca suministrar una explicación del presente, así como evitar que se repitan estas acciones identitarias individuales y/o colectivas. Ha contribuido a la solidaridad entre víctimas de acuerdo a la modificación de prejuicios por medio de esfuerzos que perduran en el relato verídico. De igual modo, al reflexionar sobre la memoria social y el sentido de los procesos de evocación colectiva, la relación de la memoria con el olvido y el aprendizaje social puede mostrar el poderío que posee. Los lugares de memoria constituyen una categoría para realizar un análisis que se refiere a la especialidad; donde el tiempo suele relacionarse con horas, fechas, momentos calculados en el calendario, donde cada individuo ubica su historia otorgándole una temporalidad a los sucesos. De igual modo, los objetos también hacen referencia a los marcos sociales de la memoria, debido a que son definidos como cosas (documentos, utensilios, mobiliarios, dinero, etc.) que no solo reflejan la cultura de una sociedad, sino que explican los lazos que unen a varios grupos siendo motivo de evaluación y comparación.

 

La memoria es un registro de nuestras experiencias, que se recuerdan en una representación del pasado hecha de acuerdo a las ideologías del presente y moralizaciones que apuntan al futuro. Es un instrumento colectivo, un instrumento de poder y de identidad que forma parte de las ideologías sociales. Los seres humanos construimos memoria, de igual modo éstas nos construye a nosotros; sin ella los seres humanos se perderían, vivirían sólo del presente. Las formas de imaginar el porvenir y la memoria son dimensiones esenciales en la constitución de la subjetividad, es decir, el pasado se puede entender no solo como un acto terminado sino como un proceso que continua en construcción, dotado de un sentido real social y participe de los modos en que los sujetos significan y dan sentido al mundo que los rodea. Este respeto a la memoria retiene en el presente un archivo de las experiencias y de las vivencias realizadas en el pasado y también el conocimiento adquirido a través de las experiencias de otras personas (Shils, 1980). De igual manera ésta se condensa en muchos elementos de la cultura material, que sirve de base simbólica para la objetivación de la misma.

 

La memoria es un recurso cultural, y como tal puede emplearse como instrumento retórico e ideológico y por supuesto como estrategia de construcción de identidades en la diferencia. Al hablar de memoria colectiva, hablamos de un agregado de memorias individuales, que yace las experiencias y conocimientos compartidos recuperados de los individuos en situaciones semejantes. El pasado se reactualiza en la memoria, buscando proyectar un sentimiento social al presente, construido sobre las diferencias entre “el nosotros” y “los otros”, entre “el yo” y el “el otro”. Esto representa la expresión de una cultura moral entre el pasado y el presente en una única entidad cohesionada, siendo en cierta manera el pasado un espejo social moral del presente.

 

De este modo, analizar el carácter social de la memoria tiene que ver con estudiar el impacto que los principios macro sociales ejercen en los conocimientos individuales; para ellos, se han revisado las formas en que los acontecimientos traumáticos y el discurso sobre ellos son digeridos y enmendados por los individuos, lo cual ha levantado un gran interés en los analistas en el tema, quienes destacan cómo es que la memoria y el olvido son un terreno en disputa. Sin embargo, la memoria como herramienta de control social para mantener el orden ha sido efectiva por medio de la información, las representaciones del pasado han demostrado ser mucho más reacias a la manipulación y más difíciles de eliminar. Sea cual sea el principio de la memoria como lucha por la justicia u obstáculo en la búsqueda de las libertades, es en cualquiera de los dos modos coacción de las supuestas técnicas, un componente sustancial en los modos de construcción de la realidad social que llevan a cabo los sujetos.

 

 

La justicia social como valor adherido a la memoria colectiva fortalece las redes y conexiones sociales que determinan la naturaleza y el carácter de este. Los valores son aprehendidos por una intuición emotiva y dentro de una teoría de valores se puede distinguir entre una teoría pura de los valores mismos (teoría lógica del objeto) y una de las posturas valorativas (teoría del pensamiento), dados o construidos por saberes específicos (Scheler, 1963). En este caso la justicia como valor social se desprende en conexión con los demás a través de los principios fundamentales de reconciliación y reconstrucción de una sociedad en torno a la memoria. 

 

La realidad social no se halla en procesos de memoria planteados con destino de un lugar sometido o del análisis del experto. Por el contrario, la memoria colectiva requiere fundamentalmente correspondencia con las corrientes y técnicas compuestas en los cuales cobra su sentido. Es allí donde se halla una explicación en tanto memoria componente y edificada, donde las formas de abstracción ponen características del mismo proceso de la memoria.

 

La construcción de un Estado democrático no puede sustraerse de la justa necesidad de escarbar en el pasado. Conseguir la justicia real requiere necesariamente recuperar la memoria histórica como un patrimonio colectivo de sociedad, siendo importante recordar que no puede haber democracia sin justicia, ni justicia sin verdad. Siendo la justicia un elemento de la sociedad que se cosecha a través de la familia, escuela y demás espacios sociales, del cual se refiere a las nociones fundamentales de igualdad de oportunidades y de derechos humanos más allá del concepto de justicia legal, está basada en la equidad y es imprescindible para que los individuos puedan desarrollar su máximo potencial y para que se pueda instaurar una paz duradera.

 

Por otra parte, el recurso de la palabra hace pública la memoria de victimización que ha estado presente tanto en las prácticas conmemorativas como en sus memorias orales, sonoras y cantadas. Estas creaciones condensan representaciones integrales en narraciones de los hechos ocurridos, y expresan el impacto de la violencia en las víctimas, sus interpretaciones y demandas (Grupo de Memoria Histórica, 2010).

 

Al usar la memoria como instrumento de justicia social, se ofrece una reconstrucción histórica de los hechos de violencia que proponga un relato estructurado o una interpretación específica sobre lo sucedido. Estas iniciativas condensan sentidos que pueden ser considerados transversales a todo ejercicio de memoria, como lo es el no olvidar, cuyo objetivo es que no se repita los hechos violentos; visibilizar las narrativas de las víctimas para hacer públicas las historias que narran quienes vieron los hechos; también sensibilizar a la sociedad civil, para intentar que los productos comunicativos lleguen a quienes lo desconocen. De igual modo, los trabajos de memoria resignifican el cuerpo y activan procesos de sanación, ya que reconstruyen vínculos sociales al propiciar una expresión directa del dolor de la víctima, o una expresión colectiva a través de la iniciativa de la memoria.

 

Así, la memoria tanto colectiva como individual idealiza el pasado, haciendo eco bajo la forma de recuerdo, ostentando en las luchas, movilizaciones, ritos y demás formas de manifestación que contienen fuerza de realidad social; generando garantía colectiva en cuanto a la idealización del futuro, y también abre la posibilidad de interrogantes hacia hechos del pasado que, aunque no se hayan experimentado directamente, han conllevado imágenes y consecuencias en el presente.

 

 

Referencias

 

Grupo de Memoria Histórica (2010). ¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad. Bogotá: Centro Nacional de Memoria Histórica. Disponible en: https://goo.gl/RGdVmq

 

Korstanje, Maximiliano (2014). Antropología de la memoria: de la represión al genocidio. Revista de Antropología Experimental (14). Disponible en: https://goo.gl/ZaQWCj 

 

Scheler, Max (1963). La sociología del saber. Buenos Aires: Editorial Lumes.

 

Shils, Edward (1980). The Calling of Sociology & Other Essays in the Pursuit of Learning. Chicago: The University of Chicago Press.

 

 

 

 

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